"Quien dijó que la belleza está en el interior", decía la guapísima Judith Mascó en el anuncio de un reality de modelos nada cínico en apariencia, justo antes de lanzar a la parrila televisiva de Cuatro "Super Modelos 200x".
Las palabras de los miembros del jurado actual del cásting para 200x+1, evaluando a las futuribles ninfas de flashes y cámaras, pretenden ser igualmente directas, con un tono borde muy de moda. Por lo visto, nos gusta que a la gente la humillen en público, o simplemente ver si son capaces de alcanzar el nivel de "falta de tacto" de otros famosos jurados anteriores, es gracioso.
A mí me parece lamentable, no tanto el ser más o menos borde, sino la propia profesión de modelo, sea masculino o femenina. Sí, ya sé, claro que me fijo en el físico, es lo primero en lo que "analizo", pero no llego a comprender qué interés puede tener para nadie el dedicarse a pasear por una pasarela mientras otros simplemente miran, cómo algo tan simple y aparentemente aburrido puede ser el sueño de una chica con algo dentro de la cabeza.
Viendo la cantidad de tías buenas y menos buenas que se presentan al cásting, es obvio que la profesión sigue teniendo tirón. Ser guapa, más aún, guapa oficial, sigue siendo algo aparentemente deseado. Lo entiendo, no en vano, esta profesión debe ser casi la única donde las mujeres cobran más que los hombres. Perdón, las actrices porno creo que también cobran más que sus homónimos masculinos...
Pues eso, lamentable. Seguimos siendo una sociedad (mundo) machista y a mí no me gustan las chicas florero, o al menos las que son florero como única profesión e interés en la vida, aunque sean esbeltos floreros paseadores, con capacidad para llevar manzanas en la cabeza mientras calzan tacón, sabedoras de lo que hay que ponerse o cómo hay que maquillarse.
Sin embargo, aunque nos vendan día sí y día también (mejor dicho, nos vendamos) el gran interés de estas mujeres por llegar a ser supermodelos, floreros deseados por cada macho viviente, por lo visto en esto son más listas que nosotros, los grandes y musculosos machos, acostumbrados a llevar la comida a casa cuando los pollos corrían libres y no estaban colgados cual peras en el supermercado.
Según un artículo de El País, ellas quieren ser "profesoras (19,8 por ciento), doctoras (10,5 por ciento) o veterinarias (15,4 por ciento)", mientras a nosotros nos gustaría ser modelos... digo, futbolistas.
Nosotros, los machos, queremos ser "futbolistas (el 16,8 por ciento), profesores (el 5,6 por ciento), o ingenieros (4,9 por ciento)". A mí me tocó quedarme en el 5%, demasiada competencia para pasear mis preciosos muslos por la pasarela verde con excusa balompédica...
No sé quién es más tonto/a...
lunes, agosto 20, 2007
Agostos sin rumbo
Vengo a escribir sin rumbo, como alguna otra vez en la que ni siquiera sé qué poner en la etiqueta del post, pero en este caso sin vocación poética. Demasiado prosaico estoy hoy como para ponerme a redactar versos sin rima...
Este agosto, como tantos otros, me canso de bajar y subir por la autopista, de Vigo a Coruña y de Coruña a Vigo, con múltiples paradas en lugares intermedios a los que se pueda llegar con menos de un depósito de gasolina.
Si no fuera por las fotos, propias o de otros, me costaría horrores recordar donde he estado más allá del finde anterior. De hecho, esta semana pasada he salido por Vigo, Coruña y Melide, el anterior por Coruña y Pontevedra y el otro más allá... ni idea, aunque según mis fotos asistí al 25 aniversario de mis tíos.
No es que cambie mucho de lugares, simplemente me divido entre norte y sur para repartir juego y prestarle atención a todo el mundo. El siguiente, me tocará de nuevo combinar Vigo y Coruña, por necesidades del guión, con cena de empresa y festejo debido a colegas del sur, cosas del guionista, quien debe tener acciones en petroleras y autopistas.
En septiembre, toque de corneta y retirada, sin dejar autopistas pero más calmado, espero, para poder retomar una sana rutina de trabajo, también pensando en cómo voy a consumir mis todavía pendientes días de vacaciones.
Voy sin rumbo, aunque tras leer por fin La Colmena me gustaría volver a escribir que valga la pena. No tengo historias en la cabeza, porque este mes era precisamente para no pensar mucho en nada y nada en mucho, pero marcaremos septiembre como si fuera principio de año y volveremos a la senda de vaya usted a saber.
Este agosto, como tantos otros, me canso de bajar y subir por la autopista, de Vigo a Coruña y de Coruña a Vigo, con múltiples paradas en lugares intermedios a los que se pueda llegar con menos de un depósito de gasolina.
Si no fuera por las fotos, propias o de otros, me costaría horrores recordar donde he estado más allá del finde anterior. De hecho, esta semana pasada he salido por Vigo, Coruña y Melide, el anterior por Coruña y Pontevedra y el otro más allá... ni idea, aunque según mis fotos asistí al 25 aniversario de mis tíos.
No es que cambie mucho de lugares, simplemente me divido entre norte y sur para repartir juego y prestarle atención a todo el mundo. El siguiente, me tocará de nuevo combinar Vigo y Coruña, por necesidades del guión, con cena de empresa y festejo debido a colegas del sur, cosas del guionista, quien debe tener acciones en petroleras y autopistas.
En septiembre, toque de corneta y retirada, sin dejar autopistas pero más calmado, espero, para poder retomar una sana rutina de trabajo, también pensando en cómo voy a consumir mis todavía pendientes días de vacaciones.
Voy sin rumbo, aunque tras leer por fin La Colmena me gustaría volver a escribir que valga la pena. No tengo historias en la cabeza, porque este mes era precisamente para no pensar mucho en nada y nada en mucho, pero marcaremos septiembre como si fuera principio de año y volveremos a la senda de vaya usted a saber.
lunes, julio 30, 2007
Calabazas
Disclaimer: Con este calor y mi cerebro medio derretido, vuelvo a la senda del a la senda del writing about myself, principalmente para que salga julio en la lista de "historias recientes".

Con cerveza en una mano y cutter en la otra, decoraba pumpkins en Halloween, acompañando a yankies y alemanas en una casa de madera en medio de Berkeley, durante mi ya lejana y añorada experiencia californiana.
Con pajita en boca, esta vez rodeado de galegos provenientes de los más reconditos lugares y pontevedreses de pro, los outsiders y los nativos compartíamos por igual secretos brebajes en momentos de los que no guardo ni fotos ni casi recuerdos, sobre todo del después, una vez acabado el contenido alcohólico de las "calabazas".
Con móvil en mano y sonrisa en boca, ahora colecciono calabazas, pero no de Halloweens berkelianos o salidas nocturnas pontevedresas, sino de las de toda la vida: las que reciben ocasionalmente los aplicados mineros (o picapedreros) en pro de un mejor futuro estético (e intelectual) para sus futuribles hijos.
Y es que querer mejorar la calidad estética (e intelectual) de la futura prole de uno mismo no debería ser excesivamente complicado (sobre todo por la baja calidad estética e intelectual del que suscribe), pero tiene su intríngulis.
Mis amigos, tanto los vigueses como de los de mi hogar del norte, a los que respeto como antiguos y aplicados caraduras, borrachos, pragmáticos elementos de solitarias noches, acosadores ocasionales, cachondos mentales y un sinfín infinito de adjetivos de toda clase y condición, dicen de mí que tengo "el listón muy alto".
Si ellos lo dicen, será cierto, porque los amigos son honestos con estas cosas. A veces, incluso demasiado... Yo, la verdad, no lo niego. Me sirve para excusar mi relativo poco éxito a la hora de relacionarme con el sexo débil.. Aunque he intentado cambiarlo.
Con la excusa de mi viaje a California, por eso de estar al otro lado del universo conocido, a 9 horas de jet lag, quisé hundir el listón en el Pacífico. Lo intenté. Primero, porque el Pacífico era y es un océano distinto al mío habitual y tal vez su distinta salinidad lo permitiese. Segundo, porque este blog tenía en sus inicios un objetivo claro: servir de plataforma narrativa para compartir correrías sexuales con amigotes vigueses.
Además, tras pasar el exigente tests de mis colegas más allegados, debiera también haberme permitido obtener cuantiosos ingresos combinando dos de mis aficiones preferidas: sexo y literatura (tal vez sean mis preferidas por lo que poco que las practico), pero ya os habréis dado cuenta de que no fue así...
Mi listón, el muy cabrón, flotaba, no hubo manera de hundirlo. Además, las chicas rubias, altas, guapas, divertidas, inteligentes, etc. no siempre quieren mezclarse con galanes de medio pelo como un servidor. Sólo a veces, cuando se confunden, las confunden o simplemente se les va la olla.
En mi opinión, sin embargo, mi problema para entablar relaciones sentimentales no es por lo elevado del listón. En mi familia somos todos solteros: mi madre, mi padre, mi hermana e incluso el perro (al que no le queda mucho, pero aguanta). Mi problema, a la vista de las circunstancias, ¡es claramente genético!. Llevo el gen de la incapacidad para relacionarme con el sexo contrario durante más de 2 ó 3 horas continuadas (hala, menos lobos campeón!) .
Volviendo a mi colección de calabazas, el año pasado por estas fechas recibí una enorme de una rubia, alta, guapa, etc. Y este año me ha vuelto a pasar, de distinta forma pero con idéntico resultado de noches solitarias, con una igualmente rubia, alta, incluso más guapa, etc., también con calabaza de tamaño familiar.
La mayoría ya conocéis los detalles de la más que divertida, corta pero intensa, alocada y simpática historia de un tal "javi de VigoVigo", aficionado por un día a bajar bolsas de basura de piso de mujer increíble semidesnuda a horas intempestivas. Así que, por el bien del blog y su inexistente compromiso con los posts cortos, le ahorraré la versión long al resto valiéndome de mi cuestionable capacidad de síntesis: yo estaba borracho, ella más.
Y eso que cada año soy más majo y, si me diese bien mentir, añadiría que también más alto y más guapo. Bueno, bien, en realidad sí lo digo, de hecho lo repito continuamente, pero nadie se lo cree, soy poco convincente.
Con todo, a pesar de mis sonoros fracasos y el escaso espacio sobrante en mi estantería de preciosas calabazas XXL (las pequeñas las tiro directamente, son demasiadas), una vez comprado el casco de minero y decidido uno a tener retoños medio guapos e inteligentes, de rubia cabellera, aunque sea de bote como el de su estupenda madre (me gustan las teñidas, ya os lo explicaré otro día), es muy difícil dejarlo todo y dedicarme a otra cosa, como por ejemplo quedarme en casa.
Así que ya sabéis, chicuelas aficionadas a repartir calabazas en lugar de "sí quiero's", yo seguiré en mis trece, resuelto a incrementar mi colección de plantas herbáceas aún a riesgo de colocar otro estante en mi pared, con el claro y sencillo objetivo de dormir acompañado y ser un futuro candidato a tantos cheques de 2,500 € como sea posible.
Además, estoy incluso dispuesto a arrodillarme, no para pediros en matrimonio, sino para juntar mis manos y ayudaros a saltar el inundible y elevado listón que llevo a cuestas. Ánimo, sólo es de 1,65-1,70 dependiendo del día! Y el tinte lo pongo yo!

Con cerveza en una mano y cutter en la otra, decoraba pumpkins en Halloween, acompañando a yankies y alemanas en una casa de madera en medio de Berkeley, durante mi ya lejana y añorada experiencia californiana.
Con pajita en boca, esta vez rodeado de galegos provenientes de los más reconditos lugares y pontevedreses de pro, los outsiders y los nativos compartíamos por igual secretos brebajes en momentos de los que no guardo ni fotos ni casi recuerdos, sobre todo del después, una vez acabado el contenido alcohólico de las "calabazas".
Con móvil en mano y sonrisa en boca, ahora colecciono calabazas, pero no de Halloweens berkelianos o salidas nocturnas pontevedresas, sino de las de toda la vida: las que reciben ocasionalmente los aplicados mineros (o picapedreros) en pro de un mejor futuro estético (e intelectual) para sus futuribles hijos.
Y es que querer mejorar la calidad estética (e intelectual) de la futura prole de uno mismo no debería ser excesivamente complicado (sobre todo por la baja calidad estética e intelectual del que suscribe), pero tiene su intríngulis.
Mis amigos, tanto los vigueses como de los de mi hogar del norte, a los que respeto como antiguos y aplicados caraduras, borrachos, pragmáticos elementos de solitarias noches, acosadores ocasionales, cachondos mentales y un sinfín infinito de adjetivos de toda clase y condición, dicen de mí que tengo "el listón muy alto".
Si ellos lo dicen, será cierto, porque los amigos son honestos con estas cosas. A veces, incluso demasiado... Yo, la verdad, no lo niego. Me sirve para excusar mi relativo poco éxito a la hora de relacionarme con el sexo débil.. Aunque he intentado cambiarlo.
Con la excusa de mi viaje a California, por eso de estar al otro lado del universo conocido, a 9 horas de jet lag, quisé hundir el listón en el Pacífico. Lo intenté. Primero, porque el Pacífico era y es un océano distinto al mío habitual y tal vez su distinta salinidad lo permitiese. Segundo, porque este blog tenía en sus inicios un objetivo claro: servir de plataforma narrativa para compartir correrías sexuales con amigotes vigueses.
Además, tras pasar el exigente tests de mis colegas más allegados, debiera también haberme permitido obtener cuantiosos ingresos combinando dos de mis aficiones preferidas: sexo y literatura (tal vez sean mis preferidas por lo que poco que las practico), pero ya os habréis dado cuenta de que no fue así...
Mi listón, el muy cabrón, flotaba, no hubo manera de hundirlo. Además, las chicas rubias, altas, guapas, divertidas, inteligentes, etc. no siempre quieren mezclarse con galanes de medio pelo como un servidor. Sólo a veces, cuando se confunden, las confunden o simplemente se les va la olla.
En mi opinión, sin embargo, mi problema para entablar relaciones sentimentales no es por lo elevado del listón. En mi familia somos todos solteros: mi madre, mi padre, mi hermana e incluso el perro (al que no le queda mucho, pero aguanta). Mi problema, a la vista de las circunstancias, ¡es claramente genético!. Llevo el gen de la incapacidad para relacionarme con el sexo contrario durante más de 2 ó 3 horas continuadas (hala, menos lobos campeón!) .
Volviendo a mi colección de calabazas, el año pasado por estas fechas recibí una enorme de una rubia, alta, guapa, etc. Y este año me ha vuelto a pasar, de distinta forma pero con idéntico resultado de noches solitarias, con una igualmente rubia, alta, incluso más guapa, etc., también con calabaza de tamaño familiar.
La mayoría ya conocéis los detalles de la más que divertida, corta pero intensa, alocada y simpática historia de un tal "javi de VigoVigo", aficionado por un día a bajar bolsas de basura de piso de mujer increíble semidesnuda a horas intempestivas. Así que, por el bien del blog y su inexistente compromiso con los posts cortos, le ahorraré la versión long al resto valiéndome de mi cuestionable capacidad de síntesis: yo estaba borracho, ella más.
Y eso que cada año soy más majo y, si me diese bien mentir, añadiría que también más alto y más guapo. Bueno, bien, en realidad sí lo digo, de hecho lo repito continuamente, pero nadie se lo cree, soy poco convincente.
Con todo, a pesar de mis sonoros fracasos y el escaso espacio sobrante en mi estantería de preciosas calabazas XXL (las pequeñas las tiro directamente, son demasiadas), una vez comprado el casco de minero y decidido uno a tener retoños medio guapos e inteligentes, de rubia cabellera, aunque sea de bote como el de su estupenda madre (me gustan las teñidas, ya os lo explicaré otro día), es muy difícil dejarlo todo y dedicarme a otra cosa, como por ejemplo quedarme en casa.
Así que ya sabéis, chicuelas aficionadas a repartir calabazas en lugar de "sí quiero's", yo seguiré en mis trece, resuelto a incrementar mi colección de plantas herbáceas aún a riesgo de colocar otro estante en mi pared, con el claro y sencillo objetivo de dormir acompañado y ser un futuro candidato a tantos cheques de 2,500 € como sea posible.
Además, estoy incluso dispuesto a arrodillarme, no para pediros en matrimonio, sino para juntar mis manos y ayudaros a saltar el inundible y elevado listón que llevo a cuestas. Ánimo, sólo es de 1,65-1,70 dependiendo del día! Y el tinte lo pongo yo!
viernes, junio 22, 2007
Lluvia frente a un espejo
Algunos hablan de poesía, mientras yo sólo escribo palabras, tecleo letras, miro, busco y rebusco... a través de los gruesos cristales de mis gafas... hacia dentro y hacia fuera. Sin embargo, no encuentro, ni a uno ni a otro lado.
Está lloviendo. Camino a cubierto, sin exponerme al fragor de la batalla que seguro librarían las gotas provenientes del gris cielo con mi gabardina, de igual color. Además, sé de sobra que mis gafas no podrían librarse de la tentación. Se dejarían inundar tan solo por el placer de cegarme, verme tropezar y quizás caer. Querrían saltar entre los charcos, romperse y dejar así de ser el hazmerreír de todas sus amigas y compañeras, crueles con su figura, nada estilizada.
Dejarían de comer si el alimento tuviera algo que ver con su gordura, sino fuera por mis defectos en lugar de los suyos. Por eso me odian, sus complejos son por mí, causa y consecuencia de los míos propios. Por eso también querrían verme tropezar y quizás caer.
Sigue lloviendo y continúo caminando, bajo los soportales. Escucho los charcos, acaricio y siento la lluvia entre las huellas de mis dedos, huelo a tierra mojada, saboreo alguna gota extraviada que se cuela por la comisura de mis labios...
Busco y rebusco, me paro y oteo el horizonte de la otra acera, a no más allá de unos metros de distancia, pero tan lejos para mis ojos como gruesos los cristales de mis, ahora, anteojos, revenidos ya de ser tildados de simples gafas.
Un hombre triste me acosa con su mirada desde la lejanía. Debe disfrutar de la lluvia: atendiendo al ruído de los diminutos y efímeros, acariciando gotas, olisqueando arcilla húmeda, degustando el sinsabor de alguna extraviada.
No soy capaz de distinguir si la figura de las que se elevan sobre su nariz será más o menos esbelta que la de las mías, o míos desde hace un rato. Y es que al hombre se le nota triste. No lo digo porque acierte a describir sus rasgos, borrosos como todo él, sino por el color de su gabardina, igual al mismo cielo.
¿Alguien recuerda cómo se ve la lluvia frente a un espejo? Con suerte, más estilizada y esbelta que los cristales de mis antiguas gafas y modernos anteojos.
Está lloviendo. Camino a cubierto, sin exponerme al fragor de la batalla que seguro librarían las gotas provenientes del gris cielo con mi gabardina, de igual color. Además, sé de sobra que mis gafas no podrían librarse de la tentación. Se dejarían inundar tan solo por el placer de cegarme, verme tropezar y quizás caer. Querrían saltar entre los charcos, romperse y dejar así de ser el hazmerreír de todas sus amigas y compañeras, crueles con su figura, nada estilizada.
Dejarían de comer si el alimento tuviera algo que ver con su gordura, sino fuera por mis defectos en lugar de los suyos. Por eso me odian, sus complejos son por mí, causa y consecuencia de los míos propios. Por eso también querrían verme tropezar y quizás caer.
Sigue lloviendo y continúo caminando, bajo los soportales. Escucho los charcos, acaricio y siento la lluvia entre las huellas de mis dedos, huelo a tierra mojada, saboreo alguna gota extraviada que se cuela por la comisura de mis labios...
Busco y rebusco, me paro y oteo el horizonte de la otra acera, a no más allá de unos metros de distancia, pero tan lejos para mis ojos como gruesos los cristales de mis, ahora, anteojos, revenidos ya de ser tildados de simples gafas.
Un hombre triste me acosa con su mirada desde la lejanía. Debe disfrutar de la lluvia: atendiendo al ruído de los diminutos y efímeros, acariciando gotas, olisqueando arcilla húmeda, degustando el sinsabor de alguna extraviada.
No soy capaz de distinguir si la figura de las que se elevan sobre su nariz será más o menos esbelta que la de las mías, o míos desde hace un rato. Y es que al hombre se le nota triste. No lo digo porque acierte a describir sus rasgos, borrosos como todo él, sino por el color de su gabardina, igual al mismo cielo.
¿Alguien recuerda cómo se ve la lluvia frente a un espejo? Con suerte, más estilizada y esbelta que los cristales de mis antiguas gafas y modernos anteojos.
jueves, junio 21, 2007
Señales de ningún lugar
[A veces uno necesita escribir, aunque sea desde ningún lugar y hacia ninguna parte]
Saltan, poco a poco, despacio, saltan ante tus ojos
no sabes a dónde van, ni de dónde vienen,
te da igual quiénes son, desde cuándo o cómo.
Simplemente saltan ante tus ojos.
Son simples iconos, imágenes que fuera de su lugar no serían nada
son líneas, puntos y colores,
son cuernos, letras, señales, listas,
son gomas de borrar, son fotos...
Y por dejar de ser, no son nada,
no te importa quiénes son, desde cuándo o cómo,
están ahí, se enfrentan a ti, te desafían,
te miran tan fijamente que finjes no verlos.
Cierras los ojos, pero al abrirlos no se han ido,
han dejado de saltar, pero no se van,
han venido para quedarse,
y tú puedes elegir entre escribir o soñar con el mismo sueño.
De sueños y ensoñaciones hacia ninguna parte
Quisieras elegir con quien soñar, dónde,
pero no puedes sino soñar con quién no sueñas,
pensar en lo que no oyes, en lo que no ves,
recordar algo que tal vez nunca haya pasado.
Tal vez haya sido un sueño, quizás un simple deseo nunca hecho realidad,
quizás los destellos hacia los que vuelas no derritan la cera de tus alas,
quizás el padre de Ícaro no recoja del suelo tus quebrados huesos,
quizás llegues al Sol y su calor no abrase, pero sí continúe su luz brillando.
Tal vez estés volando hacia ninguna parte,
porque tu destino nunca haya estado allí, aunque creas recordarlo,
porque lo que viviste era parte de un sueño, aunque no estuvieras dormido,
porque no sabrías llegar, aunque cerrases con fuerza los ojos.
[y no llega a ningún lugar, sólo a dónde quería llegar, de dónde vino y a dónde va]
Saltan, poco a poco, despacio, saltan ante tus ojos
no sabes a dónde van, ni de dónde vienen,
te da igual quiénes son, desde cuándo o cómo.
Simplemente saltan ante tus ojos.
Son simples iconos, imágenes que fuera de su lugar no serían nada
son líneas, puntos y colores,
son cuernos, letras, señales, listas,
son gomas de borrar, son fotos...
Y por dejar de ser, no son nada,
no te importa quiénes son, desde cuándo o cómo,
están ahí, se enfrentan a ti, te desafían,
te miran tan fijamente que finjes no verlos.
Cierras los ojos, pero al abrirlos no se han ido,
han dejado de saltar, pero no se van,
han venido para quedarse,
y tú puedes elegir entre escribir o soñar con el mismo sueño.
De sueños y ensoñaciones hacia ninguna parte
Quisieras elegir con quien soñar, dónde,
pero no puedes sino soñar con quién no sueñas,
pensar en lo que no oyes, en lo que no ves,
recordar algo que tal vez nunca haya pasado.
Tal vez haya sido un sueño, quizás un simple deseo nunca hecho realidad,
quizás los destellos hacia los que vuelas no derritan la cera de tus alas,
quizás el padre de Ícaro no recoja del suelo tus quebrados huesos,
quizás llegues al Sol y su calor no abrase, pero sí continúe su luz brillando.
Tal vez estés volando hacia ninguna parte,
porque tu destino nunca haya estado allí, aunque creas recordarlo,
porque lo que viviste era parte de un sueño, aunque no estuvieras dormido,
porque no sabrías llegar, aunque cerrases con fuerza los ojos.
[y no llega a ningún lugar, sólo a dónde quería llegar, de dónde vino y a dónde va]
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



