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viernes, febrero 26, 2010

La pérdida

Llegó a su vida sin anunciarse,
sorprendió a su sonrisa, anegada tras un océano de tiempo pasado.
Lució el sol con fuerza,
evaporando mares de perennes recuerdos.

Embriagada por la alegría,
evitó cuestionar su origen,
hasta hallarse en un desierto de imposible soledad.

No fue la naturaleza del huésped,
sino el brote de la duda,
quien precipitó el nuevo ciclo.

La consciencia innecesaria del anfitrión,
su búsqueda de la razón,
el inalcanzable sosiego...

Así se forjó la pérdida,
esperando ya otro día de cegadora luz.

jueves, diciembre 17, 2009

[Sin título]

A la par de ahogados lamentos,
atraviesa la niebla un halo de esperanza,
cuya luz, furtivamente, se posa sobre las olas.

Revueltos días de vino y rosas deshechos frente a las rocas,
añoranzas marchitas de un pasado mejor,
cenizas esparcidas en la mar...

Mientras, aquellas ondas siguen danzando a la luz,
sabedoras de que su ser no alcanzará más allá de un lamento,
rugiendo presas del deseo a pervivir.

Y no por más falso y efímero, es menos fatal su anhelo,
pues cantos de sirena les convocan,
y ellos acuden prestos.

Recita, trovador, versos sueltos,
mientras vagas en pos de las olas,
iluminado por un haz esquivo,
al son de ninfas marinas,
al encuentro de tu fatal destino.

sábado, noviembre 28, 2009

Buscando, oí tu voz en mis sueños

Buscando, te hallé sola y ajada por el ir y venir de las estaciones y el rigor de aquélla, tu pretendida soledad.

Quise danzar contigo, lucir en compañía mis olvidadas artes de antiguo trovador.

Frunciste el ceño, misteriosa, dando pábulo así a mi hambre de esperanza.

...

Respeté la pausa. Elevé mi ser por encima de la arena, flotando cual bailarina sobre puntas, esperando con extraño capote la embestida de la suerte...

Contuve el aliento, sonreí con una mueca falsa. Tuve miedo. O, al menos, sentí.

Me dejé deslumbrar por el sonido de tu voz, la cual quizás nunca había, ni lograría escuchar. Tan ebrio de recuerdos...

Negué la evidencia, mentí para mis adentros, engañé al mundo.

Soñé con otro sueño, y con otro, y otro más... a cual más lejano.

Volví a la realidad negada de tu soledad, decidido a afrontar el adiós. Quizás, otro hasta luego.

"Estemos solos, juntos", acerté a susurrar, de forma sin duda inaudible.

Te acercaste, sigilosa, mientras agachaba la cabeza, vencido ya, desde el inicio.

Marchamos juntos hacia ningún lugar.

...

"Es todo lo que tengo", te dije. "Pobreza de espíritu y hambre de esperanza".

Me acosté y te quedaste sentada, a oscuras, observando. Cerré los ojos. Oí tu voz en mis sueños.

miércoles, octubre 14, 2009

El valor del silencio

Apagué la luz, o cerré los ojos, no lo recuerdo. No deseaba ante mis ojos más palabras.

Decidiste salir por la ventana, a pesar del negro muro de lo desconocido. Caíste.

Tapé mis canas con las sábanas, cual niño temeroso del invisible monstruo dentro del armario, en mi cuarto.

Volviste a encender la luz, o abrí mis ojos, los cuales dejaron de estar sordos. Pero no veía, tal vez ni siquiera eras tú.

Me quedé quieto, inmóvil, confiando en ser tan invisible como el monstruo.

Permaneciste en silencio, tal vez ya no estabas.

Abroché los botones. Me incorporé. Encendí una luz más allá del pasillo.

Qué ves ahora?, dijiste. A ti, respondí. Y así recordamos juntos el valor del silencio.

domingo, julio 26, 2009

Mi piel

Siento cada gota de sudor deslizándose por mi piel
y el vello, reverente, inclinándose ante su paso,
abriendo camino al inmenso calor de la noche.

Mi respiración entrecortada anuncia, arrogante,
el preludio del más dulce de los sueños,
merecido premio de todos, nosotros y demás insomnes.

Mientras, mi piel sigue rozándose con tu piel,
esquivando la llegada del perenne ocaso,
y saludando, silenciosamente, a la penumbra que antecede al día.

martes, octubre 09, 2007

La desconocida que entró por la ventana

Iba con la música a todo volumen, frunciendo el ceño por causa de la luz del sol ante mis ojos, dando golpes en el volante con ambas manos, pretendiendo, torpe, estar haciéndo al son de la canción de turno, siguiendo el ritmo.

De pronto, sin mediar palabra, entró y se sentó a mi lado. Creo que sabía a dónde iba. Sabía que tras la entrega del título del Master del Universo aquel que acabé hace casi un año habría pinchos, y supongo que no quería perdérselos. Yo también lo hubiera hecho.

Se acercó como flotando, sin tocar el suelo. Me parece verla ahora mismo ante mis ojos, a través del cristal, meciéndose con la brisa hasta sentarse a mi lado. La recuerdo a cámara lenta, como una poesía de lectura pausada, y su recuerdo me calma, me tranquiliza.

No dijo nada en todo el trayecto. Ni siquiera un saludo para responder al mío. Se calló igualmente cuando la mire largo rato, de manera insistente, sonriendo. Era imposible no sonreír ante tanta belleza.

Permaneció impasible, sólo perturbada por la brisa, meciéndose, sentada en un columpio imaginario de trayectoria imposible, un columpio impulsado por las olas del mar, por la marejada.

Me gustó tanto su silencio, su forma de avanzar gracias a los imaginarios columpios hermanados con la marejada, su belleza algo marchita y simple, belleza al fin y al cabo... que quise tráermela a casa. Me acompañó hasta la puerta...

Después, desapareció, se fue al igual que vino, sin mediar palabra, pero esta vez no la vi. Pensé que estaría escondida, jugando con los silencios. La he buscado por todas partes y no la encuentro. Sí, se ha ido. Imagino que se ha marchado flotando, también por la ventana, al igual que entró en mi vida.

La cerré, la ventana, enfadado por su pérdida. Y ahora me doy cuenta que tal vez quiso volver y no pudo.

A partir de hoy, dormiré con la ventana abierta, por si quisiera entrar alguna extraña de silencios impasibles y belleza algo marchita y simple, belleza al fin y al cabo.

viernes, junio 22, 2007

Lluvia frente a un espejo

Algunos hablan de poesía, mientras yo sólo escribo palabras, tecleo letras, miro, busco y rebusco... a través de los gruesos cristales de mis gafas... hacia dentro y hacia fuera. Sin embargo, no encuentro, ni a uno ni a otro lado.

Está lloviendo. Camino a cubierto, sin exponerme al fragor de la batalla que seguro librarían las gotas provenientes del gris cielo con mi gabardina, de igual color. Además, sé de sobra que mis gafas no podrían librarse de la tentación. Se dejarían inundar tan solo por el placer de cegarme, verme tropezar y quizás caer. Querrían saltar entre los charcos, romperse y dejar así de ser el hazmerreír de todas sus amigas y compañeras, crueles con su figura, nada estilizada.

Dejarían de comer si el alimento tuviera algo que ver con su gordura, sino fuera por mis defectos en lugar de los suyos. Por eso me odian, sus complejos son por mí, causa y consecuencia de los míos propios. Por eso también querrían verme tropezar y quizás caer.

Sigue lloviendo y continúo caminando, bajo los soportales. Escucho los charcos, acaricio y siento la lluvia entre las huellas de mis dedos, huelo a tierra mojada, saboreo alguna gota extraviada que se cuela por la comisura de mis labios...

Busco y rebusco, me paro y oteo el horizonte de la otra acera, a no más allá de unos metros de distancia, pero tan lejos para mis ojos como gruesos los cristales de mis, ahora, anteojos, revenidos ya de ser tildados de simples gafas.

Un hombre triste me acosa con su mirada desde la lejanía. Debe disfrutar de la lluvia: atendiendo al ruído de los diminutos y efímeros, acariciando gotas, olisqueando arcilla húmeda, degustando el sinsabor de alguna extraviada.

No soy capaz de distinguir si la figura de las que se elevan sobre su nariz será más o menos esbelta que la de las mías, o míos desde hace un rato. Y es que al hombre se le nota triste. No lo digo porque acierte a describir sus rasgos, borrosos como todo él, sino por el color de su gabardina, igual al mismo cielo.

¿Alguien recuerda cómo se ve la lluvia frente a un espejo? Con suerte, más estilizada y esbelta que los cristales de mis antiguas gafas y modernos anteojos.

jueves, junio 21, 2007

Señales de ningún lugar

[A veces uno necesita escribir, aunque sea desde ningún lugar y hacia ninguna parte]

Saltan, poco a poco, despacio, saltan ante tus ojos
no sabes a dónde van, ni de dónde vienen,
te da igual quiénes son, desde cuándo o cómo.
Simplemente saltan ante tus ojos.

Son simples iconos, imágenes que fuera de su lugar no serían nada
son líneas, puntos y colores,
son cuernos, letras, señales, listas,
son gomas de borrar, son fotos...

Y por dejar de ser, no son nada,
no te importa quiénes son, desde cuándo o cómo,
están ahí, se enfrentan a ti, te desafían,
te miran tan fijamente que finjes no verlos.

Cierras los ojos, pero al abrirlos no se han ido,
han dejado de saltar, pero no se van,
han venido para quedarse,
y tú puedes elegir entre escribir o soñar con el mismo sueño.

De sueños y ensoñaciones hacia ninguna parte

Quisieras elegir con quien soñar, dónde,
pero no puedes sino soñar con quién no sueñas,
pensar en lo que no oyes, en lo que no ves,
recordar algo que tal vez nunca haya pasado.

Tal vez haya sido un sueño, quizás un simple deseo nunca hecho realidad,
quizás los destellos hacia los que vuelas no derritan la cera de tus alas,
quizás el padre de Ícaro no recoja del suelo tus quebrados huesos,
quizás llegues al Sol y su calor no abrase, pero sí continúe su luz brillando.

Tal vez estés volando hacia ninguna parte,
porque tu destino nunca haya estado allí, aunque creas recordarlo,
porque lo que viviste era parte de un sueño, aunque no estuvieras dormido,
porque no sabrías llegar, aunque cerrases con fuerza los ojos.

[y no llega a ningún lugar, sólo a dónde quería llegar, de dónde vino y a dónde va]

domingo, mayo 20, 2007

Actitudes

Para qué pensar lo que digo, cuando puedo decir lo que pienso.
Por qué voy a esperar a que pase, si puedo provocar que suceda.
Cómo voy a sollozar inconsolablemente en lugar de llorar de alegría...

No quiero entonar ni un solo adiós mientras pueda, simplemente, decir hasta pronto.

Por qué rendirse, por qué abandonar. Si el caprichoso destino pretendiera reirse de mí, reiríamos juntos hasta el fin de los días.

Dime que no, oblígame a volver a preguntarte, para así escuchar de nuevo el dulce sonido de tu voz.

Dudar es perder. Mejor es disculparse que pedir permiso. Piensa más en no pensar.

Say hello, grab her arm and smile. Maybe life could today give you the smile back.

Bailarina al son de la brisa

Sentado en un café italiano, mirando por la ventana como las hojas jugaban con el viento, como quien se deja querer dependiendo de a donde señale la veleta del campanario. Absorto, pensaba en tí. Me gustaría bailar contigo como las hojas con el viento, al son de la brisa.

Falda de vuelo y lentejuelas, gira y gira sin apartar la mirada. Mírame, pero no dejes de bailar. No pares, sigue surcando el suelo hasta que cese de crecer el césped bajo tus pies.

M9

M9, recuerdo de un futuro que nunca llegará,
espacio inscrito entre dos piezas de un arma de juguete.
Tinta azul, tatuaje falsamente indeleble.
Ladera de una colina de diminuto músculo.

Rastro del pasado, billete al futuro, protagonista de infundadas esperanzas.

lunes, febrero 12, 2007

Yo y los Otros

No sé nada por mí mismo, sólo sé por lo que saben otros.

Sin saber, todo lo que he aprendido, se lo debo a los otros:
Viendo, pero no viendo nada que otros no mostrasen.
Oyendo, pero sin oír nada que otros no dijesen.
Sintiendo, pero sin sentir nada que otros no me hiciesen sentir.

Ni siquiera soy yo por mí mismo. Soy yo por otros, no por mí.
Soy lo que otros quieren que sea, una consecuencia de lo que perciben: ven, oyen, sienten.
Siendo, no sería nada si nadie supiera que lo soy.
Soy y seré lo que quieran ver, lo que quieran oir, lo que quieran sentir.

No estoy por mí, sino por otros.
Cuando me vaya, que me iré, no lo haré por mí.
Estando, dejaré de estar sin ver, oír ni sentir.
Los otros me verán marchar. No diré adiós, yo solo me iré.

lunes, octubre 02, 2006

Déjala bailar

Tintinea, levemente, tintinea hacia un lado y hacia otro, pierde color y vuelve a ganarlo, se rebela, no quiere apagarse. Quiere seguir bailando...

Tras una leve pulsión, se agacha y se levanta, ronronea, susurra para mantener su halo de color, su estela aérea. Quiere seguir bailando...

Rueda, empuja la flecha, libera a la bailarina bicolor. Flami, negra modelo se disfraza con tocado azul y rojo. Déjala bailar.