viernes, octubre 17, 2008

Cosas sueltas desde Barcelona

Aprovecho la tarde libre en Barcelona, después de asistir 3 días al curso Sociedad Red, para contar cosas sueltas que tenía pendientes, todas ellas merecedores de un post exclusivo, pero resumidas en pocas líneas a continuación:

* He dejado el color rojo, al menos por un tiempo. Mis gomitas de brackets y mi vida multicolor son azules. Ha habido cambios y la acción siempre provoca una reacción, en este caso el cambio de color, del rojo pasión al azul reflexión y espera (mirando al cielo o al mar ;)).

* Llevo 3 días en Barcelona y me quedan otros dos y pico más. Este finde coincide gran parte de mi familia en Barna: el cumple de mi prima Tania, mis primos Roi y Lois, míos tíos Cris y Darío, y mi hermanita. Hoy por la noche cenita, velas y fiesta. Mañana, más.

* El lunes tempranito, como decía, vuelo a Málaga, donde pasaré otros 2 días y pico entre conferencia y temas de Igalia y ASOLIF, saludando a todo el mundo e invitando y siendo invitado a cervezas y lo que se tercie.

* Hoy viernes se ha publicado el segundo post de mi tercer blog. Después del primero en 2005, esta fiebre del oro sin rumbo ni contexto conocido más allá de "lo que se me ocurre", vino el blog en Igalia y ahora el último en A Nosa Terra, sobre Internet, web 2.0 y similares. Soy casi, o sin casi, un serial blogger.

* Vuelvo a estar sin lío/rollo conocido. Y la última era conocida porque coincidimos y compartimos ratos con varios/as amigos/as en Vigo. El amor es lo que tiene, o lo hay, o no lo hay. Soy un romántico, estar porque sí no me va...

* Y, por último, sigo sufriendo una tendinitas en el tendón de aquiles que no parece querer abandonarme, me ha cogido cariño. Mientras, mi querido equipo de fútbol -Vioño C.F.- ha cambiado un excelente inicio de temporada (sin mí), por un par de terribles últimas derrotas (también sin mí). Con suerte, antes de cumplir los 30 estaré otra vez para saltar y campo y practicar aquello del "balón o jugador".

domingo, octubre 12, 2008

Títulos en lafiebredeloro

Después de 3 años en Blogger, mientras mi hermanita me cuenta cosas de su finde, hago de tía multiproceso y encuentro por casualidad cómo introducir títulos en los posts de Blogger.

No es que los hubiera buscado antes sin encontrarlos, para mí era natural ponerlo en negrita al empezar la entrada, pero como algún suscriptor de RSS del blog me ha comentado que sería mejor tener un campo título... He escuchado y he hecho caso.

De todos modos, como dice mi colega el informático-psicólogo Javichan, los títulos de mis posts son normalmente crípticos, no cuentan nada o casi nada de la historia posterior.

Eso sí, para llevarle la contraria, este post va con título relacionado, sin misterios y sin extridencias ni palabras malsonantes para llamar la atención. Todo sea por provocar :)

martes, septiembre 23, 2008

Los americanos son tan imbéciles como nosotros... pero no más

Según una leyenda urbana que alguien nos contaba en el colegio, los yankies no saben ni siquiera situar España en el mapa, creen que está debajo de México. Sin embargo, cuando yo digo que soy español en USA, resulta que uno tiene un amigo con novia de allí, otro ha corrido los San Fermines... Y resulta que todos saben que somos Europeans.

Más allá de leyendas sobre lo tontos, o imbéciles, que son los yankies, en estos días en New York me he encontrado con un par de casos que muestran un nivel de imbecilidad similar entre Spanish y Americans.

Lo primero, los fantásticos porteros de los garitos de moda (bouncers en USA). Gozan de la misma mirada de indiferencia y desprecio que los españoles. Si tuvieran a un tío agonizante en la puerta, por ej. sangrando de forma abundante, pero sin trajear y una tía repeinada a su lado, lo más probable es que le dedicasen una sola y única mirada, eso sí, de arriba abajo. Después se apoyarían en la columna/pared de turno y orientarían su mirada al infinito, al más allá, sugiriendo una profunda e inexistente reflexión, esperando que el tío agonizante de "la cola" se desvaneciese.

Los bouncers hablan en inglés, pero esa es la única diferencia con los porteros españoles. Los músculos, miradas, pintas y desprecios son los mismos. ¿Dónde está la escuela internacional de poner cara de mala leche donde estudian todos ellos? ¿O tal vez es algo genético, un don divino para muscularse y hablar con monosílabos y/o pedir una invitación?

Además de los porteros, a los yankies también les gusta el aire acondicionado, mucho. En verano, visten chaquestas y jerseys en las oficinas, comercios, etc. Igualito que en España. Subes al vagón del metro, te congelas; te bajas, te asas. Sales a la calle, estupendos 20 grados; entras en un Starbuck, rebuscas la chaqueta en la mochila para evitar morirte de frío...

Imagino que somos todos fervientes defensores de la necesaria selección natural: si no palmas por el cambio continuo de frío/calor, vales para participar en la continuación de la especie. Igualitario, fair, no se marginan razas ni culturas.

En fin, qué bonito es ver que estadounidenses y españoles tenemos cosas en común. En el nivel de absurdos e imbecilidades, todos cortados por el mismo patrón. Si el balón de fútbol americano fuera esférico, podríamos adherirnos cual Puerto Rico y en Spanglish sin complejos.

Mientras, seguiremos rebajando la morriña intentando entrar en garitos pijos vestidos con chándal y zapatillas, y poniéndonos pantalones cortos y camiseta en verano para ir a trabajar. Como en casa.

miércoles, septiembre 17, 2008

New York, desde el Empire State

La primera de varias o, tal vez, la primera y la última entrada desde New York (NY).

Recordando a Meg Ryan en el observatorio de la planta 86th, como Tom Hanks en Sleepless in Seattle, la vista de Manhattan desde el mítico Empire State es suficiente para justificar una visita a la ciudad de los rascacielos.

Cual imperiales piezas de Tetris, los rascacielos de NY encajan celestialmente en el atardecer, unos con otros, formando un puzzle de inigualable belleza, impresionante y sorprendente, imposible de reproducir con la cámara de "pulsa botones" de un servidor.

¿Cómo es posible que tantos gigantes puedan componer una visión urbana tan bella? Desde el casi cielo del Empire State, la arquitectura de las alturas sin fin se impone de forma indiscutible, y recoge los flashes y miradas de atónitos turistas.

El cielo es su única frontera, el verdadero límite de todos esos seres hermanos de acero, cemento y cristal.

Con 12 días por delante en Manhattan, quien sabe si al finalizar tendremos que volver a subir 86 pisos para asegurarnos de que la vista no era tan solo una ilusión...

sábado, agosto 02, 2008

Balón o jugador

Como dice mi compi de trabajo Berto: "El deporte es malo para la salud, ¿por qué sino duele después de hacerlo?" Está claro, el cuerpo nos avisa de cuando hay algún problema, ya sea expresándolo a través de dolor, temperatura, inflamación... Si duele, implica que algo no va bien.

Hace unas pocas semanas me crucé con un antiguo compañero del Vioño C.F., el equipo de fútbol de 3ª regional donde jugué 2 temporadas después de la universidad. Sin demasiados problemas, me convenció para volver con otras viejas no-glorias y esta misma semana he empezado la pretemporada, a los casi 30...

Claro, los años no pasan en balde, y tras la semana más deportiva de mi vida post cuarto de siglo, con 2 sesiones de gimnasio lunes-jueves y 2 de fútbol pretemporada en playa miércoles-viernes, el sábado me he levantado con los gemelos y la espalda quejándose del sobreesfuerzo, obligándome a caminar como un abuelito de 80: cojeando y con una mano sujetando las lumbares.

En fin, Berto tiene razón, el deporte no es saludable, sobre todo a cierta edad. No en balde soy el mayor del equipo, además del de mayor fama de leñero, leñador o "javi navarro", como queráis llamarlo.

Lateral derecho sin velocidad y con poco fondo físico se ofrece para agarrar, empujar y meter la pierna a extremos correosos, idealmente bajitos y de menos de 70 kilos, en liga regional sin linieres y árbitros aficionados medio choscos. Razón, campo de Agrela, preguntar por "Portu", el vigués-coruñés de vuelta en el Vioño.

Ay, qué pena me dan los Ronaldos del mundo. Los años pasan, pero lo básico no cambia: balón o jugador, pasa uno o el otro, pero nunca juntos.