jueves, marzo 30, 2006

La cinta

Éste es un post para vosotras, para las lectoras de mi blog. Aquí sois más que ellos, los lectores. Os voy a contar algo que ya sabéis, no pretendo enseñaros nada, sólo ponerlo de manifiesto una vez más.


Soy un tío, según el estereotipo, repetido una y mil veces, da igual los años que tenga, soy simple e infantil. Eso decís, no solo de mí, sino del 99% de los tíos del planeta. El otro 1%? Pues no sé, posiblemente son demasiado infantiles como para ser simples (hay algo más complicado, enigmático y sorprendente que un niño/a pequeño/a?), o demasiado simples para ser infantiles. Yo escribo sobre el 99%.


La realidad, a los tíos nos educan para comportarnos de una determinada manera. No, no os preocupéis, no voy a hablar del rol masculino/femenino de cuando somos niños, vestidos de color rosa y muñecas y cocinitas para ellas; y ropa azul, balones de fútbol y argamboys para ellos. Este post va de condicionamiento, de educación, sí, pero no a los niños, sino a los que ya nos hacemos “hombres”.


Entre una de las tantas clasificaciones “blanco/negro” de las que hago, hay una de tíos que va muy bien para esta historia. Por un lado, están aquellos que saben lo que tienen que decir y lo dicen y, por otro, los que saben lo que tienen que decir y, sin embargo, dicen lo que piensan. Ninguno es mejor que otro, simplemente son distintos. Extrañamente, existe también una tercera clase: el tipo de tío que no se atreve a decir lo que sabe, ni tampoco lo que piensa. No os preocupéis, no hay mal que cien años dure, se le acabará pasando para convertirse en uno de los dos anteriores, o se morirá sin que os deis cuenta siquiera.


Nos habéis educado para deciros lo que os gusta oir. Sí, ya sé, ya sé, vosotras no habéis hecho nada de eso. Claro, no es algo planificado o consciente. Es una consecuencia simple del aprendizaje por prueba y error. Algo simple para mentes simples, como los chimpancés de los documentales científicos de “La 2”: Si pulsando el botón azul cae un plátano, y pulsando el rojo da calambre, después de muchos calambrazos y algún platano, incluso los tíos aprendemos a pulsar siempre el roj... digo, el azul.


Este condicionamiento simple no funciona al 100%, porque las tías no sois tan simples como nosotros, y a veces tanto el rojo como el azul dan calambre, y otras salen 5 plátanos en lugar de uno pulsando el rojo, pero la normalidad, en la mayoría de las ocasiones, el azul nos da una alegría y el rojo una reprimenda. Hay mucho masoca y científico loco en prácticas por ahí suelto, pero a casi todos nos gusta lo del botón azul.


A estas alturas, pasados con mucho los veinte años, todos sabemos cómo se juega. Tanto vosotras como nosotros, los infantiles y simples. Nadie sabe quien ha puesto las reglas, ni de dónde habrán salido, pero todos las seguimos. En esto del juego de la seducción, está casi todo inventado. Nosotros decimos lo que tenemos que decir, lo que queréis oir, y vosotras fingís no saberlo ya, no haberlo leído en el librito ese de bolsillo que os facilitan siendo algo más pequeñas, con “mensaje tipo número X”, “mensaje tipo número Y”, etc.


Tengo un amigo, desde hace muchos años, que hace no tantos llevó a cabo una hazaña difícilmente igualable: liarse con más de 30 tías distintas en un año escolar, es decir, de octubre a junio. Si fuera una tía sería una guarra, claro, pero siendo un tío era una especie de héroe contemporáneo, esto también lo sabemos todos. No digo que yo lo secunde o piense, sólo reflejo una realidad conocida.


Mi amigo no era muy guapo, ni tampoco feo, ni muy alto, ni atlético o musculoso. Tampoco le faltaba pelo o tenía cicatrices de la guerra de Vietnam en la cara. Era un tío "normal", nunca podría ser seleccionado para representar a Errrspaña en un concurso de guapos, ni tampoco le ofrecerían viajar con un circo para asustar a los niños en las sesiones de tarde. Su fórmula del éxito era muy simple, como somos todos, tenía una cinta.


Lo de tener la cinta es algo muy común. Se graba un día, después de unos cuantos fracasos y otros tantos éxitos, y luego se le da al play cada noche. Dura algo menos de 15 minutos, porque si durase más, dejaría de ser una cinta para no dormir solo, para convertirse en una para ser amigos para siempre y, a partir de cierta hora de la madrugada, es más probable que nos apetezca no dormir solos que hacer amigas para toda la vida. A vosotras os suele pasar lo mismo, por suerte coincidimos en algo.


Por supuesto, la misma cinta no funciona con todo el mundo, aunque cada tío solo tienen una, no olvidemos que son simples. Lo importante no es una efectividad del 100%, sino que sea efectiva de alguna forma, la que sea. Qué se graba en ella? Pues muy fácil, lo que os gusta oir, lo que les habéis enseñado, lo del botón azul y el botón rojo, nada más.


Hasta ahora nada nuevo, verdad? Todo esto ya lo sabíais, claro que sí. Lo que me preocupa, queridas amigas, es que a pesar de saberlo, sigo viendo en alguna de vosotras la misma teórica candidez de antes de haber leído el libro de bolsillo aquél, donde salen los mensajes típicos, los presentes en cualquier cinta. Alguna, y eso me preocupa, se va a llevar un disgusto como cuando tenía menos de 20 años y se creía todo ese “amor” infinito de media hora.


Lo digo porque en los últimos meses, desde que aterricé a California hasta ahora, por motivos varios, he estado más tiempo con tías que con tíos. He escuchado multitud de historias de “amor”, de diferentes nacionalidades, con visión femenina. A lo mejor porque he aprendido a escuchar, o tal vez porque ha coincidido así.


Si me diesen un dólar por cada vez que he oído de una mujer eso de “Está locamente enamorado de mí”, o el “No quiere estar con nadie más que conmigo”, o similar... No me haría rico, tampoco voy a exagerar, pero sí me podría pagar una buena panzada de sushi en algún restaurante de San Diego, por citar algo que hecho de menos.


A ver, tías, ya sé que a todos/as nos encanta que nos digan eso que nos gusta oír, pero a estas alturas ya tendríamos que saber distinguir entre un playback de cinta grabada y una actuación en directo, o no? En estos tiempos, posiblemente se haya cambiado la cinta por un CD, DVD, o MP3 d'esos, con mayor calidad de "sonido", pero el vacío tras palabras vacías es exactamente el mismo.


No nos condenéis todavía, al fin y al cabo, aunque no lo hayáis hecho a propósito, es también culpa vuestra. Los tíos somos simples, respondemos a estímulos sencillos, no somos totalmente inocentes, sólo parte del juego, al igual que vosotras. Basta con no olvidar que todo esto es un juego, con seguir las reglas con cabeciña para que casi nadie salga herido.


Yo reconozco no haber tenido nunca cinta propia, aunque he pedido una prestada alguna de esas noches en las que no me apetecía dormir solo, con resultados diversos. Eso sí, a veces dudo entre seguir siendo un chimpancé rebelde o... comprarme un iPod!

2 comentarios:

Eva dijo...

Como dije lo he leído y ya que no sé q nos deparará esta noche y si me acordaré de comentarlo...la verdad es q el post es tela de gracioso, me gusta mucho lo del juego, pero realmente lo q pasa es q las tías nos sabemos de memoria la cinta, lo q vosotros pensáis q qeremos oír, lo q pasa es q ni nosotras sabemos lo q queremos oír...creo q todas tus lectoras tendrán ya una cierta edad y a estas alturas ya no nos creemos ciertas chorradas. La verdad es q no somos tan distintos y si nos líamos con un tío es o porque tampoco nos apetece dormir solas, o porque el tío está especialmente bueno, o es especialmente simpático...pero al final la cinta puede dar tanto plátanos como calambrazos aleatoriamente.

Javi dijo...

Hola Eva!,

como le explicaba a tu amiga ayer, al final, este post no es más que un juego con los estereotipos de siempre.

La historia de "la cinta" tendría más sentido hace 5 o más años, pero todavía sigue vigente.

Para algunos, la cinta ha pasado a otro formato, se ha vuelto más sutil, menos típica en apariencia, pero es igual de repetitiva y llena de frases vacías. Cambia la edad del "público", la edad del que le da al play, y por tanto cambia el mensaje, pero créeme que se sigue usando y no sólo a las tantas de la madrugada.

No pretende generalizar para todos los tíos y tías del universo, sólo hablar de lo que veo, a veces, a mi alrededor.

Además, es algo que siempre me ha hecho mucha gracia y me apetecía dejarlo para la "posteridad" en el blog, como los "mercados de carne", "culos y tetas" y tantas otras historias sobre relaciones tío-tía.

besitos,
javi