sábado, marzo 18, 2006

La lista de la compra de un soltero en edad de merecer

Llevo viviendo solo algo más de un mes, más o menos desde mediados de febrero. Entre viajecitos, escapadas de fin de semana a Vigo y temas de trabajo, el tiempo efectivo en mi mi pisito coruñés será de unas 3 semanas, a lo sumo. Esto, sumado a que como fuera todos los días y no ceno demasiado, hace que vaya poco por el súper... Vale, no sigo construyendo la excusa, pero de alguna forma tenía que intentar justificar mis paseos infinitos en el Carrefour.


La realidad, conocida, es que soy un “poco” despistado. O mejor dicho, me cuesta prestar atención a las cosas banales y sin importancia, como ir de compras, conducir para ir de un sitio a otro, etc. Si me dejan, me pierdo en mi casa, por lo que en un hipermercado lleno de pasillos idénticos e interminables, la suerte está echada mucho antes de siquiera haber pensado en empujar el carrito.


En serio, alguien sabe dónde está la sal en (algún) Carrefour? Venga ya! Creéis que lo sabéis, pero la realidad es que no tenéis ni idea. Compráis sal cada 3 meses, tiempo más que suficiente para que los pérfidos responsables de la organización de las estanterías hayan cambiado su escondrijo a cualquier otra parte 100 veces. Esa una de las claves de cualquier organización de venta masiva que se precie: esconder las cosas de necesidad básica, de forma que tengamos que caminar kilómetros para encontrarlas. Y por el camino, con nuestro cerebro ya falta de lucidez y energía, vayamos cayendo en las diferentes tentaciones que nos muestran sin pudor ni vergüenza en cada esquina.


Después de recorrer el laberinto a izquierda y derecha, arriba y abajo, cuando llego a la caja, justo antes de casi caer rendido, únicamente con la energía necesaria para apoyarme sobre el carrito hasta el coche, he comprado de todo menos sal: 4 yogures bio con frutas, 1 botella de vino de más de 6 €, 3 paquetes de chocolate con y sin almendras, 1 pack de embutidos, 2 paquetes de salmón ahumado, un cuarto de queso de oveja, media docena chuletillas de cordero... joer, qué a mí no me gusta el cordero! A ver, quién ha metido esas chuletillas en mi carrito?

  • “Señor, quiere usted dejar las chuletillas?”

  • “No, no te preocupes, mejor déjalas (algo tendré que comer...) ”


En mi caso, como es obvio, la cosa es todavía más grave, porque cometo el terrible error de ir a comprar cuando ya no queda nada en mi nevera, sin una idea concreta de qué echar en el carrito, con el simple objetivo de no morir de inanición antes de volver a casa de mamaíta un fin de semana, y cebarme para aguantar el “resto del invierno”, es decir, hasta quince días después. Soy presa fácil de los hipermercados, y por eso intento evitarlos apostando por el súper de la esquina.


Sin embargo, lo malo del súper Dia de la esquina, además de no cobra con tarjeta de crédito, es que cierra a las 9, hora a la que yo suelo estar todavía en clase (Advanced Business Communication, por eso de no perder mi English con acento californiano), por lo no puedo sino ponerme el traje de maratoniano y concienciarme para empujar el carrito durante unos kilómetros.

Con todo, perderse en este laberinto también tiene sus ventajas, porque en lugar del Minotauro, normalmente me voy encontrando con gente conocida. Voy saludando a unos/as y otros/as y nos contamos nuestras vidas desde el último encuentro ante el mostrador de quesos, con lo que me ahorro una pasta en llamadas de teléfono.


Hoy, en mi nevera sólo quedan un par de franciscanas, 4 salchichas, medio bote de tomate natural, algo de zumo de naranja y unos kiwies. Necesito ir de compras. Lo haré, porque sé que puedo ser más fuerte y listo que ellos, puedo vencer a la tentación de los artículos expuestos en las esquinas de cada pasillo. Voy a pasar de la sal y entraré en el laberinto con una lista de la compra a modo de mapa espiritual, además de ir tirando miguitas de pan por donde vaya pasando para no perderme.


La lista de la compra de un soltero en edad de merecer:

  • 1 paquete de 12 preservativos tamaño XXL.

    Nunca he sido bueno en manualidades, pero con algo de paciencia, unas tijeritas y un bote de buen pegamento tendremos 24 condones de tamaño adecuado, habremos quedado estupendamente ante la cajera y tendremos una cajita a dejar bien visible en cualquier parte del pisito, decorando con buen gusto.

    Ya lo sé, es un alarde de experto soltero y gestor eficiente, supongo que ya lo habréis anotado en vuestro librito de consejos prácticos a no olvidar, pero no me alabéis todos a coro, que me pongo rojo, ya sabéis lo modesto que soy para estas cosas...

  • 1 botella de vino tinto de más de 6 €.

    Como siempre acabo comprando alguna, he pensado en ir montando poco a poco una bodeguilla en el salón, como la de Felipe González en La Moncloa, pero sin los bonsais.

  • 1 escoba.

    Después de 1 mes en casa, ya va siendo hora de comprarle una parejita a la fregona. Ella no ha acabado de congeniar con el cubo que ya estaba en el piso, así que verá con agrado la llegada de su nueva compañera de chismes y cotilleos.

    Lo dicho, tras 2 semanas, compré la fregona por culpa de las pérdidas de agua de la lavadora, pero ahora va siendo hora también de barrer un poquito.

  • Comida.

Qué? A qué es buena mi lista? Carrefour, allá voy!

3 comentarios:

Javi dijo...

Esto de hacer comentarios en mi propio blog es algo triste cuando no es respondiendo a algún otro, pero en este caso está justificado.

Alguna amiga me ha preguntado sorprendida, extrañada y algo asustada, qué era eso de los condones XXL, pero no se ha atrevido a hacerlo a través del blog.

Querida amiga: no, efectivamente yo no uso ese tamaño de preservativos, me sobraría. Por eso la relación "12 condones XXL" comprados con "24 condones tamañoJavi", resultado de la operación de manualidades con las tijeritas y el pegamento.

Era una broma, ni la tengo tamaño XXL, ni tamaño XXL/2.

Espero que este comentario sirva de aclaración a cualquier otra "confundida".

Por cierto, no me perdí en el Carrefour! He encontrado algo mucho mejor que una tristre lista de la compra para servirme de guía.

Pam dijo...

como soltera en edad de merecer te diré q además de vino y condones, deberías pillar aunque sea unas galletitas por si invitas alguien ...a menos q le invites para barrer y fregar los suelos ;)
Vas a compartirme tu secreto para el super?

javivázquez dijo...

Pam, esta entrada es de mi blog antiguo, allá por 2006, cuando todavía escribía cosas divertidas y era soltero en edad de merecer. Ahora soy soltero sólo en el carné y ya no sé si tengo edad para merecer nada. En todo caso, te contesto, me hace ilusión recibir comentarios en este blog:
1) Odio las galletitas, patatillas y similares para picar. Para recibir a las visitas, lo menos es algo de jamón, quedo semicurado y un vino decente, sino para beber, sí al menos para presumir ;-)
2) No me acuerdo qué me pasó en el súper aquel día. Una pena, la verdad :-(, seguro que fue divertido. Además de un despistado, soy un desmemoriado.