Algunos hablan de poesía, mientras yo sólo escribo palabras, tecleo letras, miro, busco y rebusco... a través de los gruesos cristales de mis gafas... hacia dentro y hacia fuera. Sin embargo, no encuentro, ni a uno ni a otro lado.
Está lloviendo. Camino a cubierto, sin exponerme al fragor de la batalla que seguro librarían las gotas provenientes del gris cielo con mi gabardina, de igual color. Además, sé de sobra que mis gafas no podrían librarse de la tentación. Se dejarían inundar tan solo por el placer de cegarme, verme tropezar y quizás caer. Querrían saltar entre los charcos, romperse y dejar así de ser el hazmerreír de todas sus amigas y compañeras, crueles con su figura, nada estilizada.
Dejarían de comer si el alimento tuviera algo que ver con su gordura, sino fuera por mis defectos en lugar de los suyos. Por eso me odian, sus complejos son por mí, causa y consecuencia de los míos propios. Por eso también querrían verme tropezar y quizás caer.
Sigue lloviendo y continúo caminando, bajo los soportales. Escucho los charcos, acaricio y siento la lluvia entre las huellas de mis dedos, huelo a tierra mojada, saboreo alguna gota extraviada que se cuela por la comisura de mis labios...
Busco y rebusco, me paro y oteo el horizonte de la otra acera, a no más allá de unos metros de distancia, pero tan lejos para mis ojos como gruesos los cristales de mis, ahora, anteojos, revenidos ya de ser tildados de simples gafas.
Un hombre triste me acosa con su mirada desde la lejanía. Debe disfrutar de la lluvia: atendiendo al ruído de los diminutos y efímeros, acariciando gotas, olisqueando arcilla húmeda, degustando el sinsabor de alguna extraviada.
No soy capaz de distinguir si la figura de las que se elevan sobre su nariz será más o menos esbelta que la de las mías, o míos desde hace un rato. Y es que al hombre se le nota triste. No lo digo porque acierte a describir sus rasgos, borrosos como todo él, sino por el color de su gabardina, igual al mismo cielo.
¿Alguien recuerda cómo se ve la lluvia frente a un espejo? Con suerte, más estilizada y esbelta que los cristales de mis antiguas gafas y modernos anteojos.
viernes, junio 22, 2007
jueves, junio 21, 2007
Señales de ningún lugar
[A veces uno necesita escribir, aunque sea desde ningún lugar y hacia ninguna parte]
Saltan, poco a poco, despacio, saltan ante tus ojos
no sabes a dónde van, ni de dónde vienen,
te da igual quiénes son, desde cuándo o cómo.
Simplemente saltan ante tus ojos.
Son simples iconos, imágenes que fuera de su lugar no serían nada
son líneas, puntos y colores,
son cuernos, letras, señales, listas,
son gomas de borrar, son fotos...
Y por dejar de ser, no son nada,
no te importa quiénes son, desde cuándo o cómo,
están ahí, se enfrentan a ti, te desafían,
te miran tan fijamente que finjes no verlos.
Cierras los ojos, pero al abrirlos no se han ido,
han dejado de saltar, pero no se van,
han venido para quedarse,
y tú puedes elegir entre escribir o soñar con el mismo sueño.
De sueños y ensoñaciones hacia ninguna parte
Quisieras elegir con quien soñar, dónde,
pero no puedes sino soñar con quién no sueñas,
pensar en lo que no oyes, en lo que no ves,
recordar algo que tal vez nunca haya pasado.
Tal vez haya sido un sueño, quizás un simple deseo nunca hecho realidad,
quizás los destellos hacia los que vuelas no derritan la cera de tus alas,
quizás el padre de Ícaro no recoja del suelo tus quebrados huesos,
quizás llegues al Sol y su calor no abrase, pero sí continúe su luz brillando.
Tal vez estés volando hacia ninguna parte,
porque tu destino nunca haya estado allí, aunque creas recordarlo,
porque lo que viviste era parte de un sueño, aunque no estuvieras dormido,
porque no sabrías llegar, aunque cerrases con fuerza los ojos.
[y no llega a ningún lugar, sólo a dónde quería llegar, de dónde vino y a dónde va]
Saltan, poco a poco, despacio, saltan ante tus ojos
no sabes a dónde van, ni de dónde vienen,
te da igual quiénes son, desde cuándo o cómo.
Simplemente saltan ante tus ojos.
Son simples iconos, imágenes que fuera de su lugar no serían nada
son líneas, puntos y colores,
son cuernos, letras, señales, listas,
son gomas de borrar, son fotos...
Y por dejar de ser, no son nada,
no te importa quiénes son, desde cuándo o cómo,
están ahí, se enfrentan a ti, te desafían,
te miran tan fijamente que finjes no verlos.
Cierras los ojos, pero al abrirlos no se han ido,
han dejado de saltar, pero no se van,
han venido para quedarse,
y tú puedes elegir entre escribir o soñar con el mismo sueño.
De sueños y ensoñaciones hacia ninguna parte
Quisieras elegir con quien soñar, dónde,
pero no puedes sino soñar con quién no sueñas,
pensar en lo que no oyes, en lo que no ves,
recordar algo que tal vez nunca haya pasado.
Tal vez haya sido un sueño, quizás un simple deseo nunca hecho realidad,
quizás los destellos hacia los que vuelas no derritan la cera de tus alas,
quizás el padre de Ícaro no recoja del suelo tus quebrados huesos,
quizás llegues al Sol y su calor no abrase, pero sí continúe su luz brillando.
Tal vez estés volando hacia ninguna parte,
porque tu destino nunca haya estado allí, aunque creas recordarlo,
porque lo que viviste era parte de un sueño, aunque no estuvieras dormido,
porque no sabrías llegar, aunque cerrases con fuerza los ojos.
[y no llega a ningún lugar, sólo a dónde quería llegar, de dónde vino y a dónde va]
domingo, mayo 20, 2007
Actitudes
Para qué pensar lo que digo, cuando puedo decir lo que pienso.
Por qué voy a esperar a que pase, si puedo provocar que suceda.
Cómo voy a sollozar inconsolablemente en lugar de llorar de alegría...
No quiero entonar ni un solo adiós mientras pueda, simplemente, decir hasta pronto.
Por qué rendirse, por qué abandonar. Si el caprichoso destino pretendiera reirse de mí, reiríamos juntos hasta el fin de los días.
Dime que no, oblígame a volver a preguntarte, para así escuchar de nuevo el dulce sonido de tu voz.
Dudar es perder. Mejor es disculparse que pedir permiso. Piensa más en no pensar.
Say hello, grab her arm and smile. Maybe life could today give you the smile back.
Por qué voy a esperar a que pase, si puedo provocar que suceda.
Cómo voy a sollozar inconsolablemente en lugar de llorar de alegría...
No quiero entonar ni un solo adiós mientras pueda, simplemente, decir hasta pronto.
Por qué rendirse, por qué abandonar. Si el caprichoso destino pretendiera reirse de mí, reiríamos juntos hasta el fin de los días.
Dime que no, oblígame a volver a preguntarte, para así escuchar de nuevo el dulce sonido de tu voz.
Dudar es perder. Mejor es disculparse que pedir permiso. Piensa más en no pensar.
Say hello, grab her arm and smile. Maybe life could today give you the smile back.
Bailarina al son de la brisa
Sentado en un café italiano, mirando por la ventana como las hojas jugaban con el viento, como quien se deja querer dependiendo de a donde señale la veleta del campanario. Absorto, pensaba en tí. Me gustaría bailar contigo como las hojas con el viento, al son de la brisa.
Falda de vuelo y lentejuelas, gira y gira sin apartar la mirada. Mírame, pero no dejes de bailar. No pares, sigue surcando el suelo hasta que cese de crecer el césped bajo tus pies.
M9
M9, recuerdo de un futuro que nunca llegará,
espacio inscrito entre dos piezas de un arma de juguete.
Tinta azul, tatuaje falsamente indeleble.
Ladera de una colina de diminuto músculo.
Rastro del pasado, billete al futuro, protagonista de infundadas esperanzas.
Falda de vuelo y lentejuelas, gira y gira sin apartar la mirada. Mírame, pero no dejes de bailar. No pares, sigue surcando el suelo hasta que cese de crecer el césped bajo tus pies.
M9
M9, recuerdo de un futuro que nunca llegará,
espacio inscrito entre dos piezas de un arma de juguete.
Tinta azul, tatuaje falsamente indeleble.
Ladera de una colina de diminuto músculo.
Rastro del pasado, billete al futuro, protagonista de infundadas esperanzas.
jueves, marzo 29, 2007
La más dulce
Es morena, de oscuro y voluptuoso cuerpo. Casi siempre me espera en casa. Se esconde tras una puerta como jugando al escóndite, como si fuese un niño pequeño quien cierra los ojos pensando que, al no ver él, nadie lo verá.
Quisiera no encontrarla. Sé dónde está y preferiría que no estuviera allí. Pero ella me llama, sí, grita tan alto que no puedo ignorar su presencia. Soy como un marino tapándose los oídos para no oír los cantos de sirena, pero no puedo, y siempre me estrelló contra las rocas, contra sus oscuras y dulces rocas.
Cuando me atrapa, disfruto tanto que tardo horas en dejarla. La recorro lenta y pausadamente, antes de llevármela a la boca. Saboreo su voluptuoso cuerpo y me relamo. Soy un vicioso y ella lo sabe.
Prometo parar tras cada vez, pero no puedo. La miro y ella me observa desde una complacencia tan absoluta como desgarradora, sabiéndose ganadora, dueña de la situación. Sabe que soy un adicto y me sonríe cínica, mostrando sus virtudes mientras me arrastro a sus pies, pidiendo más.
Me domina. Sigo recorriendo su cuerpo, una y otra vez, durante horas. No me canso, porque su sabor empalaga sin hartar. Nunca tengo bastante. Ella se va poco a poco, dejando pequeñas señales sobre el cristal para que pueda seguirla, buscarla enajenado. Y yo paro, un rato, pero en cuanto recuerdo su sabor, vuelvo a caer, y así hasta el infinito...
Sí, es morena, pero también la más dulce, la nutella. Soy adicto a la nutella.
Quisiera no encontrarla. Sé dónde está y preferiría que no estuviera allí. Pero ella me llama, sí, grita tan alto que no puedo ignorar su presencia. Soy como un marino tapándose los oídos para no oír los cantos de sirena, pero no puedo, y siempre me estrelló contra las rocas, contra sus oscuras y dulces rocas.
Cuando me atrapa, disfruto tanto que tardo horas en dejarla. La recorro lenta y pausadamente, antes de llevármela a la boca. Saboreo su voluptuoso cuerpo y me relamo. Soy un vicioso y ella lo sabe.
Prometo parar tras cada vez, pero no puedo. La miro y ella me observa desde una complacencia tan absoluta como desgarradora, sabiéndose ganadora, dueña de la situación. Sabe que soy un adicto y me sonríe cínica, mostrando sus virtudes mientras me arrastro a sus pies, pidiendo más.
Me domina. Sigo recorriendo su cuerpo, una y otra vez, durante horas. No me canso, porque su sabor empalaga sin hartar. Nunca tengo bastante. Ella se va poco a poco, dejando pequeñas señales sobre el cristal para que pueda seguirla, buscarla enajenado. Y yo paro, un rato, pero en cuanto recuerdo su sabor, vuelvo a caer, y así hasta el infinito...
Sí, es morena, pero también la más dulce, la nutella. Soy adicto a la nutella.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



