O el paquete y las llaves... el orden no altera el producto. Eso sí, aunque no lo altere, hay al menos una situación donde el orden de acción es inmutable, exactamente el mismo, para todos los tíos del mundo mundial conocido y parte del desconocido: las palmaditas palpando bolsillos de pantalón al salir de casa.
¿Qué hace todo hombre independiente de pro antes o después de salir por la puerta de su piso de 35m2 (si compartes, multiplica, no te corresponderá más de eso)? Lo sabéis, aunque lo hagáis insconciente y mecánicamente, lo sabéis. Todos lo llevamos cableado en placa cerebral, es una primitiva del cerebro masculino que se activa nada más recibir las llaves de casa de tus padres, en la tierna o no tan tierna infancia.
Al principio, la palmadita en bolsillos de pantalón se reduce a una o dos y con una sola mano: Mano derecha a bolsillo derecho -llaves- y, si eres alérgico, maníatico o hijo único (y por lo tanto sobreprotegido), seguida de mano derecha a bolsillo trasero derecho -pañuelo-.
Después, con el tiempo, cuando tienes dinero y/o condones viajeros, los que caducan o se mueren de asco dentro de la cartera, las palmaditas necesarias aumentan, son 3: mano derecha -> bolsillo derecho, mano derecha -> bolsillo trasero derecho, mano izquierda a bolsillo trasero izquiero.
Por último, poco tiempo después, sea por ser fumador adolescente, llevar móvil (eso ahora, en mis tiempos mozos no había) o la postal de algún santo al que le reces para usar el preservativo antes de las dos semanas que quedan para que caduque, el círculo virtuoso de palmadas palpadoras se cierra: en paralelo, mano derecha e izquierda, primero a bolsillos delanteros y después a los traseros.
Si ambas manos palpan paquete, el algoritmo pasa el if y cerramos la puerta con la tranquilidad del deber cumplido, sabiendo que podremos volver a entrar en casa para cambiar el preservativo caducado por otro con los meses/años suficientes de vida.
Sin embargo, a veces, supongo que por combinación de vejez y la falta de neuronas derivadas de múltiples noches alcohólicas, uno inicia las palmadas tras cerrar la puerta o, lo que es peor, palpa paquete y resulta que el bulto no se corresponde con lo que se le supone. Y así, la tragedia, el desastre, está servida.
Hoy por la tarde he entrado en casa, vaciado los bolsillos, cambiado de ropa, rellenado bolsillos y vuelto a salir. Después, palpo paquetes, cierro tras varios intentos la puerta y... ¿dónde estás las llaves materile-rile-ri? La llave del coche se ha colado, ella sola, misteriosamente, en el habitáculo -o bolsillo delantero derecho- reservado a las llaves que nos permiten entrar en casa!
No me pasaba desde febrero de 2006, cuando escribí otro post de despistes, pero en esta ocasión no tenía que llamar al casero, ni éste debería utilizar mi carné joven para abrir la puerta cual policía peliculero entrando sin orden de registro en la casa del malo malísimo, sino que bastaba con llamar a alguno de los otros ocupantes de sus 35m2 correspondientes en mi actual piso. Cosas buenas de vivir con compis...
El problema, la pequeña tragedia, se da cuando el compi 1 se ha confabulado con el destino para salir de casa también sin llaves. Y es que el tío mete las llaves en la cartera, así no hay forma de que funcione el algoritmo!
Por suerte para ambos, en casa somos tres, y el tercero en discordia nos dejó escuchar el tintineo de sus caseras llaves al otro lado del teléfono, para tranquilidad y cervezas de espera de los 2 energúmenos despistados presentes...
En fin, pilarín, los bomberos siguen cobrando de lo lindo por abrirte la puerta de tu casa y el carné joven roto no sirve para nada.. Así que sé fiel a los algoritmos de la generación de los hombres nacidos tras la invención de las cerraduras: por favor, palpa bolsillos sonoramente, antes de cerrar, para comprobar que todo está en su sitio.
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viernes, julio 04, 2008
sábado, febrero 03, 2007
Qué, cómo y por qué tatuarse en una "tienda de ropa"
Si bien ya casi todo el mundo que ha tenido la ocasión de encontrarse conmigo en estas últimas 3 semanas conoce la historia en persona, por lo que escribirla tendrá menos interés y sobre todo mucha menos gracia, no puedo dejar de dejar escrito para la posteridad el cómo y dónde me marqué para siempre.
Antes de nada, como disclaimer y mensaje a navegantes, decir que lo de tatuarse duele, no lo hagáis en casa. En mi caso, una hora y tres cuartos de trabajo para el artista Benito, de los cuales unos 75 minutos estuvieron dedicados a deshollarme lentamente. Duele, sangra, es para toda la vida... Lo dicho, no lo hagáis en casa.
Hace muchos años acordé con un amigo, al cual ya ni nombró por lo poco que nos vemos y hablamos, tatuarnos ambos símbolos chinos con un significado muy concreto. Con el tiempo, esa amistad se fue alejando igual que la intención de tatuarse cual gemelos. Yo, aprovechando el viaje a China, quise marcarlo en mi vida vía dolor, sangre y tinta permanente, pero no hubiera sido inteligente tatuarse en un País donde no existe tradición, así que me esperé a volver.
Como mi despiste general es de sobra conocido, supongo que a nadie extrañará que me confundiese de sitio para el tattoo. Me recomendaron uno y fui a otro cualquier por error. Ése es el resumen, falto de gracia tras haberme reído tanto contando cómo es posible confundir Delicatessen con Sicodelia, c/Real con "callejón X", un 2º piso con un bajo, etc. Estas cosas pasan , al menos a mí, cuando hay 3 sitios de tatuajes en 200 metros y uno pregunta sin especificar el nombre en una tienda.
- "Para tatuarse? Sí, aquí al lado, en el callejón.."
De poco sirvió que hubiera llamado antes al sitio correcto. La chica de la "tienda de ropa" afirmó conocer mi llamada, y yo ni me extrañé de lo pequeño del local, tener que esperar 2 semanas para el tatuaje... Dejé una señal y listo. Quince días después tenía que volver para grabar mi cuerpo para siempre.
Cuando Jota me acompañó para realizar el reportaje fotográfico, llegados a "lugar", subió corriendo unas escaleras que yo, lógicamente, no conocía. Al final de la escalera, a donde nunca subí, estaba el sitio que me había recomendado semanas atrás. El tío casi se muere de risa cuando le dije que yo no había estado allí y lo guié al sitio donde sí me iban a tatuar.
Benito, mi tattoo maker, era un artista formado en Vigo (mi casa del sur), con meses de experiencia vital en Tijuana y San Diego. A pesar de secarme la sangre con papel de cocina o ponerme un plástico de envolver bocadillos para proteger su obra, el tío lo hizo muy bien.
Empezando por el "por qué del dónde" (por error), y siguiendo con el "cómo" (paciencia, dolor, papel de cocina y plástico de envolver bocadillos), ya sólo me queda el "qué".
Alegría y fortuna (buena suerte) es lo que significa mi tattoo. Símbolos de chino antiguo ya sólo utilizado en HK (Hong Kong) y Taiwan, o al menos eso me dijo Eva, mi amiga británica-china-española (en el orden que ella prefiera), al enseñarle la camiseta roja comprada por pocos euros en la visita a la Muralla China.
La cuestión existencial, el quid de toda esta cuestión de marcarse cual vaca del antiguo y lejano Oeste, la recojen los propios símbolos:
Alegría, lo primero, que no falte. Lo segundo, fortuna, por lo que pueda pasar.
Antes de nada, como disclaimer y mensaje a navegantes, decir que lo de tatuarse duele, no lo hagáis en casa. En mi caso, una hora y tres cuartos de trabajo para el artista Benito, de los cuales unos 75 minutos estuvieron dedicados a deshollarme lentamente. Duele, sangra, es para toda la vida... Lo dicho, no lo hagáis en casa.
Hace muchos años acordé con un amigo, al cual ya ni nombró por lo poco que nos vemos y hablamos, tatuarnos ambos símbolos chinos con un significado muy concreto. Con el tiempo, esa amistad se fue alejando igual que la intención de tatuarse cual gemelos. Yo, aprovechando el viaje a China, quise marcarlo en mi vida vía dolor, sangre y tinta permanente, pero no hubiera sido inteligente tatuarse en un País donde no existe tradición, así que me esperé a volver.
Como mi despiste general es de sobra conocido, supongo que a nadie extrañará que me confundiese de sitio para el tattoo. Me recomendaron uno y fui a otro cualquier por error. Ése es el resumen, falto de gracia tras haberme reído tanto contando cómo es posible confundir Delicatessen con Sicodelia, c/Real con "callejón X", un 2º piso con un bajo, etc. Estas cosas pasan , al menos a mí, cuando hay 3 sitios de tatuajes en 200 metros y uno pregunta sin especificar el nombre en una tienda.
- "Para tatuarse? Sí, aquí al lado, en el callejón.."
De poco sirvió que hubiera llamado antes al sitio correcto. La chica de la "tienda de ropa" afirmó conocer mi llamada, y yo ni me extrañé de lo pequeño del local, tener que esperar 2 semanas para el tatuaje... Dejé una señal y listo. Quince días después tenía que volver para grabar mi cuerpo para siempre.
Cuando Jota me acompañó para realizar el reportaje fotográfico, llegados a "lugar", subió corriendo unas escaleras que yo, lógicamente, no conocía. Al final de la escalera, a donde nunca subí, estaba el sitio que me había recomendado semanas atrás. El tío casi se muere de risa cuando le dije que yo no había estado allí y lo guié al sitio donde sí me iban a tatuar.
Benito, mi tattoo maker, era un artista formado en Vigo (mi casa del sur), con meses de experiencia vital en Tijuana y San Diego. A pesar de secarme la sangre con papel de cocina o ponerme un plástico de envolver bocadillos para proteger su obra, el tío lo hizo muy bien.
Empezando por el "por qué del dónde" (por error), y siguiendo con el "cómo" (paciencia, dolor, papel de cocina y plástico de envolver bocadillos), ya sólo me queda el "qué".
Alegría y fortuna (buena suerte) es lo que significa mi tattoo. Símbolos de chino antiguo ya sólo utilizado en HK (Hong Kong) y Taiwan, o al menos eso me dijo Eva, mi amiga británica-china-española (en el orden que ella prefiera), al enseñarle la camiseta roja comprada por pocos euros en la visita a la Muralla China.
La cuestión existencial, el quid de toda esta cuestión de marcarse cual vaca del antiguo y lejano Oeste, la recojen los propios símbolos:
Alegría, lo primero, que no falte. Lo segundo, fortuna, por lo que pueda pasar.
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