martes, noviembre 29, 2005

Mercados de carne

Entre los usos y costumbres de cualquier soltero, o tío sin novia de pro, las visitas nocturnas a los mercados de carne son un must, o algo de obligado y periódico cumplimiento.


Esta nomenclatura, “mercados de carne”, está totalmente aceptada y es de uso generalizado en el corredor atlántico vigués-coruñés del que yo provengo. Aún así, para aquellos a los que no les resulte familiar, simplemente decir que se refiere a esos lugares a visitar generalmente viernes o sábados noche, en muchas ocasiones con la sana intención (o ingenua esperanza) de no dormir solo.


Con la llegada de Jota, un buen amigo, coruñés de pro, a San Diego (SD), queda compensada la falta de mis mayores compañeras de juergas y festejos, las tantas nombradas veces en este blog Laura y Mandy, quien vuelve a casa este miércoles. Nuestro primer fin de semana, además de para ponernos al día de la actualidad a ambos lados del charco, visitas paisajísticas a colinas del extrarradio, intentos de navegación en la Bahía, turismo culinario e iniciación al golf, ha servido también para introducir a mi colega coruñés en las noches californianas de Downtown SD, algo digno de ver y, porqué no, experimentar. Con total seguridad, Jota coincidirá conmigo, después de no habernos quedado en casa una sola noche desde el jueves pasado, en que más allá de escuchar o leer historias sobre ello, hay que vivirlo en persona para llegar a entenderlo. Más aún, me atrevería a afirmar que sería imposible comprender los modos de la sociedad yankie sin estas vivencias o clases prácticas de antropo-sociología.


Con casi 27 años, la mayoría de los cuales desde que tengo “edad de merecer” siendo un tío sin novia, puedo decir sin vergüenza que he paseado mis virtudes y defectos con nocturnidad, predemitación y alevosía por innumerables mercados de carne, en diferentes países y con compañías de lo más diverso. Mientras algunas cosas cambian al cruzar fronteras, no necesariamente entre distintas naciones sino también entre ciudades cercanas, otras se mantienen invariables sea cual sea el idioma de los habitantes nocturnos. Al respecto de Yankilandia, o al menos en lo que a SD se refiere, muchos y muchas de los seguidores de este blog os habréis quedado con la equivocada idea de que todos estos lugares son como Rosarito, pero como ya he intentado explicar en más de una ocasión, no son para tanto, aunque tampoco están mal.


Los clubes del centro, Downtown, en la finest city of America, podrían ser fácilmente clasificados con respecto a su nivel de mercadeo fijándose en la cuantía del cover, o precio de la entrada sin derecho a consumición. A mayor número de bucks a desembolsar, mayores posibilidades de encontrar una compañera para practicar bailes yankies al son del hip-hop o R&B de turno, los ganadores hablando de los estilos musicales preferidos por aquí. No hace falta mencionar que Jota y yo, bien acompañados por Judith, Yoko y/o Mandy, no hemos bajado de los 10-20 dólares de fee, excluyendo la visita curiosa al garito alternativo al lado de Newport Place el jueves pasado, nada más bajar del avión. Por suerte, mis tres meses viviendo la noche también han sido útiles para ahorrarnos el pagar alguna entrada y no perjudicar tanto nuestro limitado presupuesto.


Creo que ya estoy tan acostumbrado a los bailes y rozamientos californianos que casi nada me resulta demasiado chocante, aunque el pasado sábado nuestros ojos no daban crédito ante la técnica de danza, por llamar de algún modo a las piernas de ella sobre los hombros de él, de una pareja recién creada en medio de la dancefloor. En España se hubieran ganado el que alguien les pagase el motel tras los primeros 10 minutos. Cuando vuelva al clubbing vigués-coruñés tendré que contenerme para no seguir la dinámica nocturna californiana. Bailar nunca ha sido lo mío, pero con los años he conseguido pasar de hacerlo horriblemente mal a pasar simplemente desapercibido, o ser uno más sobre la pista. Si no dejaba de moverme cuando mis amigos o amigas me miraban con “asombro” hace 10 años, no voy a dejar de hacerlo ahora. Y si es bien acompañado, mejor que mejor. Jota tampoco era un gran bailarín en Coruña, sino más bien de los que intenta no moverse mucho para cumplir el trámite, pero tengo la impresión de que el estilo de las americanas ha servido para acabar de animarlo a probar...


La técnica de aproximación en la pista podría ser materia de estudio en los documentales de naturaleza salvaje del Discovery Channel, o en una adaptación de aquellos de Félix Rodríguez de la Fuente [wikipedia] en “Fauna Ibérica”, cambiando el nombre por “Fauna de la Baja California”. Seguro que recordáis su tono de voz: “... el macho inicia el ritual de apareamiento acercándose sigilosamente a la hembra para sorprenderla por detrás...” Aunque las tías también practican esta técnica para acercarse y bailar, normalmente son ellos quienes inician el juego: se acercan por la espalda, pasan las manos por su cintura y empiezan a rozarse (o frotarse, como dice mi amigo). Si la chica está receptiva, le dedica una rápida mirada a su candidato y sonríe. Como a mí esta absoluta carencia de comunicación verbal y manera de aproximarse me recuerda a los perros del parque oliéndose el culo y moviendo el rabito, acostumbro a preguntar primero, en correcto inglés, tras lo cual recibo una negativa o una sonrisa de una chica que, por supuesto, me dará la espalda para iniciar el ritual. Es medianamente complicado explicarlo con palabras, pero con seguridad podréis imaginar más o menos cómo funciona... Como también he dicho ya en alguna ocasión, bailar de este modo tan "sexual" así no implica necesariamente que vaya a ocurrir nada más. Es simplemente una costumbre de la fauna del lugar, eso sí, de obligado cumplimiento si uno tiene la sana intención o ingenua esperanza de no dormir solo tras visitar alguno de los populares mercados de carne de Downtown SD.


No me extiendo más, porque alguno/a podría empezar a sufrir del corazón, y además tengo a Jota tirado en el sillón pidiendo la cena. En unos días nos iremos a visitar otras reservas naturales características de USA, como pudiera ser el hotel Tropicana y varios casinos de Las Vegas o el Gran Cañón. Espero poder escribir sobre ello no más allá del domingo o lunes que viene.


4 comentarios:

Anónimo dijo...

Zzzzzzz....zzzzz..zzzzz...

Javi dijo...

Umm, normalmente agradezco los comentarios, porque significa que alguien lee lo que escribo. Me hacen sentirme "escritor"...

En este caso, aunque entiendo que la entrada te ha aburrido, te agradezco haberla leído. Como sabes, la política de devolución del blog es simple: no hay derecho a la misma, una vez que leas una entrada, ese tiempo no se recupera. Eso sí, tienen ustedes infinitos formularios de protesta a su disposición, incluso sin necesidad de escribir su nombre ;)

Nunca pensé que pudiera leerme gente desconocida, y ni mucho perder 1 minuto en criticarme, para bien o para mal, así que cualquier comentario, incluso de aburridas zzzzz's, me hace ilusión. Gracias!

miguel dijo...

Vaya, me dan ganas de pillarme un avión para ahí a comprobar esas maravillas que cuentas "in situ".
Ya sabes que aquí (al Orzán me refiero), lo más que te puedes llevar si te acercas de la manera que cuentas a una fémina es una mala contestación, o una mirada de esas tan características de "pero tú, pringadillo, no ves que estoy demasiado buena para ti?".
Ains...se ve que he nacido en la cultura equivocada...

Saludos, ya ver que andáis haciendo Jota y tú por esos lares!!!! ;)

Anónimo dijo...

Recuerdos a Jota, pero como compañero de juergas, preferiría a Mandy