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jueves, abril 06, 2006

Pues va a ser que no

Lo sabía desde hace ya algunas semanas, pero quería esperar a que fuera oficial para contarlo.


Cuando llegué a USA no tenía muy claro porqué estaba allí. Cuando decidí marcharme, lo hice porque sabía lo que no quería, para darme tiempo y pensar. Me escapé de mi vida a este lado del Atlántico, lo suficientemente lejos para vivir otra. Me escapé de mí mismo, más que de ninguna otra cosa. Existían sentimientos que no me podía controlar, llegué a sentir incluso miedo a estar asustado para siempre. Cogí tres aviones y pasé 27 horas sin apenas dormir para ver por primera vez, la misma tarde de mi llegada, el Océano Pacífico. Me escapé de mí mismo y de todos/as los demás.


Mi primer día en la ALI (American Language Institute) o, mejor dicho, la primera semana, no dejamos de hacer tests. Sorprendentemente, mi nivel de inglés, sobre el papel, era muy alto. Me dieron la posibilidad de inscribirme en 3 asignaturas de la University of San Diego State (SDSU), además de cursar las del pre-MBA del ALI. Cuando fui realmente consciente de qué iba aquello, me refiero a lo académico, mi espíritu competitivo despertó, me puse a preparar el TOEFL (como el Advanced, pero yankie) y tuve un muy buen resultado a pesar haberme presentado tras sólo 3 semanas allí.


Solicité la inscripción en varias asignaturas de los dos últimos cursos de la SDSU, pero no tenían plazas libres para extranjeros. Me vendí bien, escribí un email de esos con “buena letra”, y conseguí entrar en Marketing of Technology, una del MBA de la SDSU. Destacaba en ella porque muchos de mis compañeros no sabían casi nada de tecnología, mientras para mí es parte de mi trabajo. Me crecía por momentos.


Tras un mes en San Diego, un viernes por la mañana teníamos el primer ensayo del examen importante, aquel por lo que teóricamente estaba en USA. Fui de resaca porque una de mis amigas alemanas, Mandy, me hizo chantaje emocional el jueves noche, para “forzarme” a salir con ella por ahí. Salimos los dos solos. Volvimos a casa dando algunos tumbos y riendo, contándonos historias de pasados novios/as, líos, infidelidades y demás cuentos a las tantas yankies. Hice un examen-ensayo cojonudo.


Dos semanas después, otro ensayo, de nuevo en viernes. Quería ir tras haber dormido, pero no pudo ser y volví a ir de resaca. Lo hice igual. Salíamos mucho por las noches. Los garitos cerraban temprano y no bebíamos demasiado. Al día siguiente casi podías levantarte para ir a clase, aunque yo elegí bien las mías y no tenía ninguna los viernes.


La fecha de mi examen, el de verdad, la elegí para finales de noviembre, el día antes a que llegase Jota. Lo hice mucho mejor de lo normal, aunque salí cabreado porque hubiera podido hacerlo incluso mejor, de verdad. Fue el mejor GMAT de la ALI. No es que yo sea muy listo, no lo soy. Lo que comprobaba esa especie de test de inteligencia que es el GMAT, eran cosas que a mí se me daban bien, porque sí, como quien hace la "U" con la lengua.


Durante unos días, mis compas y profes me hicieron sentir más listo de lo “normal”, pero ni lo era ni lo soy, simplemente se me daba bien aquel tipo específico de examen. Sin embargo, no estaba especialmente contento. Yo no había ido a Yankilandia para aquéllo, lo había hecho tan solo porque me picó la curiosidad, como tantas otras veces, de saber hasta dónde podía llegar. Tenía ganas de disfrutar mis últimas semanas allí y lo hice con Jota, visitando LA, Las Vegas, Grand Canyon, saliendo casi cada noche por San Diego para vivir los mercados de carne yankies...


Antes de volverme, ya tenía decidido aprovechar mis notas del GMAT y TOEFL, además de mi buen rendimiento en Marketing of Technology, para solicitar el acceso a un par de MBAs del top ten mundial. Pasé unas cuantas horas en internet y me decidí por Stanford y el MIT, por eso de especializarme en entrepreneurship y seguir pegado a la tecnología. Al fin y al cabo, ya había creado, con mucha otra gente, una empresa de tecnología en España. Me parecía que mi perfil, de tío inquieto y, en lo profesional, amante de la palabra y los discursos aparentes, podría encajar con lo que buscaban en este tipo de postgrados. Apunté muy alto porque siempre es mejor caerse de muy arriba, se aprende más, ya sea llegando arriba del todo o tocando fondo, o eso creo yo.


Mis primeros días en España, en diciembre, tras ser recogido en el aeropuerto de Santiago por toda mi pandilla viguesa, no dormí nada bien. En parte, por el jet-lag, en parte, por desagradables recuerdos ahora ya casi olvidados. Durante unos días sentí el mismo miedo que antes de irme. Con el tiempo se me pasó, me dí cuenta de lo afortunado que soy, y me convertí en el tío optimista y alegre de los últimos meses.


Me han dicho varias veces en los últimos días que repito demasiado lo contento que estoy, lo mucho que me gusta mi vida... Realmente no es para tanto, simplemente estoy contento e intento compartirlo. Cuando lleguen las vacas flacas ya os tocará sufrirme, así que aprovechad ahora mientras casi todo son risas y cachondeo.


Al final no solicité el acceso al MIT, no me dio tiempo. Sólo escribí ensayos para Stanford, sólo busqué cartas de recomendación para ellos. Más de 200 euros para ser evaluado y recibir una respuesta negativa sin explicaciones. Sabía desde hacía algunas semanas que sería así, porque si pensaran aceptarme tendrían que haberme entrevistado antes de llegar al mes de marzo.


El viernes pasado ví finalmente el NO oficial de Stanford, con la explicación clásica, la misma para los 5.000 rechazados, sin motivos, tal y como todos los applicants sabíamos que podríamos recibir.


Siendo sincero, pensé que me deprimiría al ver ese NO oficial, pero no ha sido así. Supongo que mi estado inexplicable y maravilloso de casi continua alegría me ha salvado. Estoy en uno de esos momentos en los cuales hubiera acogido con infinito entusiasmo el tener que volverme a California a finales de agosto, para cursar dos años de MBA en Stanford, una experiencia seguro inolvidable; pero también estoy muy contento de quedarme, al menos, un año y pico más en España.


Vivir y seguir viviendo, en Stanford, aquí o en Cuenca. Si es alegre y contento, mejor que mejor, no?

sábado, diciembre 17, 2005

Vuelvo a casa por Navidad

Me quedan ya pocas horas en San Diego, en menos de 24 estaré en un avión destino a Chicago, después Londrés y finalmente Santiago, donde aterrizaré alrededor de las dos y media del lunes, si no ocurre nada raro con el tiempo o las conexiones, lo que ya sería extraño de por sí.


Como el del anuncio del turrón, llegaré a casa para Navidad. Tras cuatro meses en el sur de California, me va a resultar enormemente complicado volver a la oficina el martes capeando el frío y la lluvia. Este año mi verano ha durado más de la cuenta, y vuelvo a casa en la peor época para aclimatarme con rapidez, con el jetlag como carga añadida durante la primera semana. Sin embargo, no puedo negar que tengo unas ganas horribles de aterrizar en la Terriña el lunes. Demasiado tiempo sin ver a gente que quiero, demasiado tiempo lejos del hogar...


Para ir adelantando mi vuelta a la normalidad, mientras escribo estas líneas escucho el Celta-Dépor en la radio, vía internet. 0-3 al descanso, creo que este año nos vuelven a ganar... A pesar de declararme vigués-coruñés, tantos años en Coruña han servido para modificar notablemente mi opinión sobre el equipo blanquiazul. En el pasado me hubiera gustado que Djukic anotase el famoso penalti, y ahora quiero que pierdan hasta en los entrenamientos. El último año en Coruña, viviendo a 200 metros del estadio, cada partido de Champions me obligaba a buscar aparcamiento durante más de 1 hora, así que me alegré doblemente cuando los echaron.


Pero esta entrada no es para hablar del derbi (sobre todo de éste), ni tampoco de la rivalidad futbolística entre mis dos ciudades, sino para despedir mi estancia blogera en San Diego. Se ha quedado en el tintero un post, anunciado por mí hace unas semanas, Homeless, el cual escribiré ya desde mi morada viguesa. Después de esa última entrada de mi etapa californiana, al menos habrá otro más sobre la búsqueda del oro.


Tal vez sería menester dedicar estas líneas a hacer balance de mis 17 semanas al borde del Pacífico, pero prefiero hacerlo cuando no tenga tan presente este sentimiento, una sensación extraña de alegría-tristeza habitual en momentos de final de un ciclo y comienzo de otro. Como decía, quiero volver a casa, realmente creo que he aprovechado mi tiempo aquí, y ha sido válido incluso para disfrutar de una perspectiva diferente sobre muchas cuestiones de ese lado nuestro del Atlántico. Le pediría a toda mi gente un poco de paciencia para aguantarme los primeros días, porque mi carácter será necesariamente menos afable de lo normal.


Cómo seguirá esta búsqueda mía del oro? Cambiará el nombre del blog? Desaparecerá tras las dos siguientes historias?


Por partes, la búsqueda del oro no es más que la búsqueda de la felicidad, algo tan sencillo de entender como complicado de explicar. Como le escribía a mi hermanita en aquella carta [blogspot.com]que algunos recordaréis, "La felicidad la llevas dentro. Es infinita, nunca la sacarás toda, ni nunca debes dejar de creer en que serás capaz de conseguir más". No voy a traicionar mis propias palabras. Vuelvo con más ilusión y ganas de vivir de las que tenía al marcharme. Han cambiado muchas cosas en casa, más de las que podría haber imaginado antes de irme, y a mí los cambios me suelen sentar bien, una vez que los digiero.


El nombre del blog seguirá igual, aunque no así el "apellido". No tendría sentido mantener California como el lugar de búsqueda, quedaría algo lejos... Tampoco sería razonable cambiar su apellido y dejarlo morir, me ha gustado la experiencia de escribir en público. Aunque será más complicado hacerlo desde casa, continuaré mientras tenga algo que decir y tiempo para hacerlo.


Confío en que todos los que hayáis seguido este diario hayáis disfrutado, aprendiendo algo sobre USA y sus particularidades. Como mínimo, ahora me conocéis un poquito mejor, porque al fin y al cabo, este diario es exactamente como yo: tedioso, divertido, auténtico, somnoliento, sincero... o cualquier otra cosa, según para quien dependiendo del momento. Sea como fuere, éste soy yo, para bien o para mal. Os doy las gracias, y a la gran mayoría espero veros en breves fechas. Ir sacando el cava de la nevera, yo me encargaré de descorcharlo apuntando a la lámpara de siempre..

miércoles, diciembre 14, 2005

Pena de muerte

Un par de semanas antes de despegar hacia San Diego salí en Pontevedra con unos amigos. Ante lo inminente de mi marcha, uno de ellos consideró adecuado conseguir información verídica sobre como sería mi experiencia estadounidense, para lo cual no hizo otra cosa que sumar al grupo a un tío de Los Ángeles que se encontró en el baño de un pub.

El yankie estaba asustado, como no podría ser de otra forma cuando se apagan las luces en un baño, alguien reconoce tu acento del otro lado del océano y te invita a tomar una copa con un grupo de españolitos del norte, con la excusa de uno que se va para tu tierra yankie (Loren, de verdad haces cosas increíbles). Tras unos minutos con el susto inicial, se dio cuenta de que no pretendíamos de él más que algunos tips sobre la Coste Oeste de USA. Se quedó con nosotros un buen rato, nos hizo reír y además me dio unos cuantos buenos consejos que he intentado seguir en la medida de lo posible, aunque no me he comprado el skate...

Uno de aquellos avisos, quizas el unico "serio", era no entablar discusiones sobre política o religión en USA. La verdad, no he tenido conversaciones demasiado profundas con yankies, y en las pocas realmente largas casi nunca he tocado temas de esa naturaleza. Aun así, sí he podido comprobar como mucha gente se preocupa y manifiesta a favor o en contra de lo que considera justo, como sucedió en el referéndum para modificar, indirectamente, la ley del aborto, hace un par de meses, o como ha sucedido de nuevo con la última ejecución en el Estado de California.

El condenado en cuestión, ejecutado vía inyección letal justo tras la medionache de esta pasada madrugada, había sido cofundador de una sangrienta banda de gangsters -llamada Crips- en los 70, y estaba en el corredor de la muerte tras ser acusado en 1979 del asesinato de 4 personas en la ciudad de LA. Su nombre, Stanley Tookie Williams. Su edad, 51 años. Más de la mitad de su vida en prisión esperando ser ejecutado. Se declaró inocente hasta el final, a pesar de que si hubiera admitido ser culpable habría salvado la vida. Escribía cuentos para ninhos. Prevenía a los jóvenes de unirse a bandas siguiendo sus pasos, negando la validez de cualquier tipo de violencia. Posiblemente no se mereciese el Premio Nobel de la Paz, ni que lo arropasen por las noches cantándonle nanas, pero sí clemencia. El gobernador de California, A. Schwarzenegger, a quien me he referido en muchas ocasiones en tono jocoso en este blog, se la negó. Sólo le faltó apretar personalmente el botón que activa la inoculación del veneno.

En Europa, los políticos han criticado duramente a Schwarzie. En la ciudad donde nació, Graz (Austria), han propuesto (sin éxito) cambiar el nombre del estadio "A. Schwarzenegger" por "Stanley Tookie Williams". En Francia lo han acusado de "bárbaro", de "tener músculos, pero no corazón", muy a cuento de su historia cinematrográfica. Yo, dicho de forma suave, opino que se ha equivocado, no solo porque la pena de muerte me parezca un acto de barbarie indigno de un ser humano, sino también porque Stanley Tookie Williams era un hombre arrepentido que podría haber influenciado positivamente a otros para no seguir su ejemplo. Desde luego, a los 51 años no era la misma persona que cuando fue condenado con 26.

Sólo en LA han muerto en lo que va de año 210 personas [signonsandiego.com] en crímenes relacionados con gangsters, aproxidamente un 30% mas que el año pasado. En el mundo civilizado, al otro lado del Océano, la pena de muerte fue abolida, por lo general, hace más de 2 décadas. En USA, la primera potencia económica del mundo (también primera en gasto en "defensa" y contaminación ambiental) y tierra de oportunidades para muchos, sigue vigente en un elevado numero de estados, incluso en uno supuestamente progresista como California, a pesar de la continua polémica al respecto.

No todos los americanos están a favor de la pena de muerte, ni siquiera todos aquellos que votaron por Governator en las últimas elecciones, igual que no están en contra todos nuestros paisanos. En Galicia gobernó durante más de una decada alguien que firmaba penas de muerte a finales de los 70. No somos mejores ni peores que nadie, pero en momentos como este uno se alegra de ser vigués-coruñés, gallego, español, europeo...

Hace muchos meses, cenando con una antigua amiga, ya tras la primera copa de vino discutíamos acaloramente sobre la pena de muerte. Yo estoy en contra, independientemente de las circunstancias. Datar la fecha de muerte de una persona es el acto más indigno, cruel e intolerable posible. Genera más violencia, justificando otros asesinatos. Nos hace peores, nos hace volver a un pasado al que no queremos ni debemos volver...

No pretendo con esta entrada redactar un alegato en contra de la pena de muerte, ni tampoco homenajear a nadie, asesino o no hace más de un cuarto de siglo, pero tampoco quiero ni puedo permanecer en silencio: Schwarzie, la próxima vez olvída tu pasado en películas sangrientas (te recuerdo que en ellas la gente se muere "de mentira") y muestra algo de compasión. Demuestra ser una persona de carne y hueso. Tal vez así dejen de llamarte Governator...


Correción:
Efectivamente, como alguno de mis lectores ha apuntado, Fraga jamás firmó sentencias de muerte. En todos los casos fue Franco quien se encargó de hacerlo. Sí es cierto que nuestro ex-presidente nunca ha condenado estas actividades de la dictadura franquista.
Tiene otros méritos en su haber, como el famoso baño-farsa radioactivo en Palomares, o la represión salvaje de manifestantes mientras era Ministro de Interior ("La calle es mía") de Arias Navarro, pero ha sido un error el responsabilizarle de firmar sentencias de muerte. Mis disculpas.

lunes, diciembre 12, 2005

Hollywood forever

Disfrutando del café de Starbucks, una cadena de cafeterías onmipresentes en USA, es sencillo notar el aviso impreso en cada una de las agarraderas de cartón para coger la taza: "La bebida que va a ingerir se sirve extremadamente caliente" (traducción libre). Tal vez os suene el nombre de la cadena de cafeterías porque en la segunda película de la serie de Austin Powers (Mike Myers [imdb.com]), The spy who shagged me, "número dos" le explica al Dr. Evil cómo su inversión en una pequeña cafetería se ha convertido en un negocio extremadamente rentable, por supuesto llamado Starbucks. El warning citado tiene una razón de ser, alguien se quemó hace un tiempo bebiendo café y denunció a la compañía por no avisar de que la bebida estaba caliente. Creo que ganó y se llevó una buena indemnización. Ya sé, están locos estos romanos, pero así es USA.

Imitando a los excaldadores de lenguas y paladares, preveyendo que me pudiera suceder algo similar con el blog, quiero lanzar un aviso a navegantes sobre esta historia:
Si usted siente un profundo respecto por los muertos, los cementarios o cualquier otra cuestión relacionada, tal vez pueda ver herida su sensibilidad al leer este post, así que le recomiendo dejar la lectura en este punto y emplear su tiempo en algo más interesante, como por ejemplo secarse el pelo, lavarse los dientes o la extendida costumbre nacional de leer el Marca.

En nuestro viaje a Los Ángeles (LA) de este fin de semana, nos alojamos en un motel típico presente en cualquier película yankie situado en el corazón de Hollywood, muy cerca del Kodak Theatre -donde se entregan los Oscar-, de los estudios de la Paramount o de Hollywood forever. Con ese nombre, lógicamente, como habréis adivinado, éste último no podía tratarse sino de un cementario, en este caso de teóricas estrellas del celuloide y/o personas prominentes en la industria del entretenimiento.

A mí nunca me han gustado los cementerios, por lo que no los piso más que cuando es obligado por alguna tragedia de las que nadie gusta. Hasta aquí como casi todos, supongo. En mi caso particular, además, nunca he ido a "visitar" a nadie al camposanto. Ni para llevar flores, ni para recordar, ni para tener una charla con el más allá, ni para nada. Lo considero algo totalmente falto de sentido común y sobrado de masoquismo. No es que no haya perdido a nadie al que eche de menos, sí ha pasado, pero los velatorios, las visitas a los cementarios el 1 de noviembre, el enterrar a los muertos en una caja de madera, las piedras con su nombre... No soporto estas costumbres tan arraigadas ni el halo de pena y depresión que las rodea.

Centrándonos simplemente en esos reductos repletos de cajas de madera bajo tierra con osamentos o cuerpos en descomposición, he de decir que el tétrico paseo a lo largo y ancho del mausoleo de estrellas hollywoodiense en busca de algún nombre popular no tuvo demasiado éxito. La única tumba de alguien conocido que encontramos fue la del guitarrista de Los Ramones. Como no, en lugar de una piedra al estilo clásico contaba con una estatua de sí mismo tocando la guitarra.

Alguna gente no se conforma con vivir su vida y quiere extender su recuerdo o su presencia todavía más allá, hasta el infinito. En contraste con la multitud de tumbas con una simple losa con un nombre grabado, se erigen en este camposanto de estrellas una no menos numerosa cantidad monumentos para la eterna memoria de sus silenciosos habitantes. Alguno de los cuales ocupa, por cierto, más de los 90 metros cuadrados de mi piso vigués. No sé cómo se puede compatibilizar la ley de los minipisos con estos campos de fútbol mortuorios...

Desde las ocurrentes y prácticas losas en forma de banco, para que los allegados o cualquier otro pueda sentarse a charlar con algún fantasma, pasando por las minipirámides, hasta los enormes estanques... todo es digno de ser retratado. Cruzando el minipuente sobre uno de los estanques, a Jota casi le da un ataque cuando se vio sorprendido por el "primo de Zumosol" de Nemo, es decir, un pez de colores del tamaño de Moby Dick, sin duda familiar cercano del protagonista de la película de animación de hace un par de años. Supongo que los cisnes negros que nos encontramos más adelante tendrían algún parentesco con el Patito Feo, Donald Duck o el Tío Gilito...

Como extravagancia final de la historia, aprovechando la relativa corta extensión de este post, dejo por escrito mis deseos para el momento de la despedida:

En primer lugar, en lugar de velatorio de cuerpo presente y llantos por doquier, cuando me toque irme espero que mis amigos tengan la decencia de despedirme entre cervezas, whiskies o vaso de agua con gas, eso sí, entre sonoras carcajadas. "La jugada 48", "el baile del cinturón", "pamelamelapone" -nombre de nuestra radio de acampadas adolescentes-... Cualquier de estas historias servirá. Ante todo, risas, por favor.

En segundo lugar, por favor, nada de estanques, monumentos, estatuas, patos o peces de colores para mí. Tampoco quiero ornamentadas cajas de madera con acolchados espacios interiores. Creedme, no los voy a valorar. Tras ser incinerado, una de dos, o se arrojan mis cenizas desde el Puente de Rande a La Ría de Vigo, o se utilizan en el crecimiento de alguna especie arborea típica de La Terriña (originaria, eucaliptos no).

Acabando, dejadme que os diga que siento respeto por la muerte. No podría ser de otra forma en un adicto a la vida como yo. En cualquier caso, como a todos nos va a tocar, me conformo con que los sucesos trágicos se vayan sucediendo de la forma más ordenada posible. Es decir, de mayor a menor edad. Tengamos la muerte presente como un motivo para disfrutar lo más posible de cada día.

martes, diciembre 06, 2005

27

He estado pensando durante horas sobre qué escribir en mi veintisiete cumpleaños. Sobre cómo veía el mundo antes de llegar a los 20, sobre qué esperaba de mi vida futura por aquella época, sobre cómo ha ido cambiando mi visión de las cosas, sobre a lo que aspiro a partir de ahora... Pero, por qué debería hacerlo precisamente hoy? La verdad, nunca le he dado demasiada importancia al día de mi cumpleaños.

He pasado muchos fuera de casa, o al menos lejos de mi casa viguesa . Es algo extraño, porque el haber nacido el Día de la Constitución garantiza no trabajar o ir a clase ese día, e incluso algún tipo de macropuente como el que se vive en España esta semana. Haber nacido tal día como el 6 de diciembre del 78 debería posibilitar el pasar cada cumpleaños con quien uno quiera y donde uno quiera, pero yo he pasado muchos de ellos lejos de mi family. Éste no es distinto, aunque por esta vez tengo un buen motivo, un continente y un océano de distancia. En realidad, no considero este día como algo especial, ni para estar necesariamente con la familia.

Eso no significa que no considere ciertos días especiales, para pasarlos con la familia y amigos. Me resultaría complicado vivir la Navidad lejos de mi familia, o Fin de Año sin ver a mis amigos vigueses. Son tradiciones, o costumbres, que me gustan, y espero poder conservarlas mucho tiempo.

El no considerar especial el día del cumpleaños no es tampoco porque no me guste recibir regalos, o porque no soporte cumplir años. Me encanta recibir regalos. Cada vez que alguien me recuerda que Papá Noel (Santa Claus) fue una creación de Coca-Cola, yo siempre digo lo mismo: "Por qué no crean otro? Deberíamos exigirles que inventasen otro personaje dedicado a llevar regalos de casa en casa" Al fin y al cabo, no se trata sólo de recibir regalos, sino también de los motivos para regalar, de quien los hace, de tomarlo como una excusa para reunirse... Además, no tengo ningún tipo de problema al ver como los números a escribir en la casilla "edad" de cualquier formulario van creciendo inexorablemente. De vez en cuando me gustaría volver a los 18, o a cualquier edad anterior a la actual con lo que sé ahora, pero como no se puede, me dedico a crecer sin más, con naturalidad y con alegría. Acaso hay alguna otra forma? Eso sí, no garantizo alegrarme al pasar del 2 al 3. Los treinta son otra cosa, o eso dicen...

Lo mejor del día de mi cumpleaños es que me sirve de excusa para reunir a unas cuantas personas a las que quiero. Normalmente no el mismo día, sino el fin de semana anterior o el siguiente. Cuanto más años pasan más complicado es juntar a la pandilla. Por suerte, Pablito cumple el día siguiente al mío, y entre los dos somos lo suficientemente pesados como para chantajear emocionalmente al resto y convencerlos para cenar juntos cualquier día. Este año no será distinto, aunque sí un poquito más tarde, cuando vuelva.

No acostumbro tampoco a celebrar nada o a hacer algo especial el mismo día . Prefiero pensar que puedo hacerlo cualquier día del año, sin motivo ni previo aviso, simplemente porque sí. Mañana, 6 de diciembre en USA, tengo un meeting para finalizar la presentación del miércoles. Será un día como otro cualquiera por aquí.

Con todo, a pesar de lo dicho, estoy aquí sentado escribiendo algo en mi blog, y el único motivo es el número 27 en el casillero. La verdad, nunca había estado tan lejos de casa cumpliendo años. A estas horas, si estuviera en España, habría recibido una llamada de mi madre y mi hermanita diciendo algo así como: "Javi, felicidades, tienes que estar contento, es tu cumple!". En esta ocasión, tocará unas horas más tarde.

Con respecto a mí, me regalaré una cantidad de tiempo razonable para escribir un par de entradas más en el blog antes de volver a casa. Hay dos historias a las que llevo dando vueltas las últimas semanas. "Vendedores de karma" y "Homeless" verán la luz en los próximos días, en cuanto reuna la cantidad de espacio-tiempo suficiente para redactar algo decente que finiquite mi periplo blogero en San Diego.

lunes, diciembre 05, 2005

Sin City

Recogimos el coche alquilado en el aeropuerto de San Diego alrededor de las 17:30 de la tarde del jueves, y lo devolvimos exactamente 20 minutos antes de cumplir 72 horas con él. Media hora más hubiera significado pagar un día más de coche, algo impensable para nuestros maltratados bolsillos tras pasar por la "ciudad del pecado".

El inicio del viaje me recordó en cierta forma a un road trip hace 6 años de Cork a Dublín por las pésimas carreteras irlandesas. En aquella ocasión éramos 7 españoles y españolas entre 17 y 21 años, en dos coches alquilados con mi tarjeta de crédito. Mi coche lo conducía con las rodillas un navarro de 20 años, porque sus dos manos estaban ocupadas en liarse para un "porro" que, decía, le ayudaba a mantenerse despierto. Sus gafas de sol ocultaban sus ojeras y cara de resaca por la noche anterior... Cuánto me hubiera gustado tener un blog para contarlo en aquel momento.

Cuando recogimos el coche, los de dollar.com no se creían que fuéramos capaces de conducir 10 horas desde las 6 de la tarde para llegar antes del amanecer a Grand Canyon. Las carcajadas del personal tras la barra no presagiaban nada bueno, sobre todo porque una parte del viaje me tocaba conducir a mí... En todo caso, a pesar de perdernos, servir de medio involuntario para el suicidio de un conejo blanco oriundo de Arizona y ocupar el carril contrario durante más de 6 millas, conseguimos llegar a Gran Canyon con el tiempo suficiente para dormir 2 horas y fotografiar el amanecer de ese gran agujero en medio del desierto. Si fuera por mí, hubiéramos salido la mañana siguiente para verlo después de comer, pero Jota quería fotos de la salida de sol... Después de dormir otro par de horas hicimos otro montón de fotos que podréis ver en flickr.

Pocas horas después estábamos en Las Vegas. Habíamos reservado una habitación en el mítico y antiguo hotel-casino Tropicana, además de entradas para el clubbing del jueves y viernes. No hace falta pasar más de unas pocas horas en Sin City para entender el porqué de este nombre: innumerables casinos a uno y otro lado del strip, empleados de clubes de strip-tease repartiendo tarjetas, capillas para casarse en 10 minutos vistiendo cual Elvis... "Mucho vicio", como diría algún amigote mío.

Los que reparten tarjetas de clubes de strip-tease no cejan de jugar con ellas en sus manos manos mientras permanecen de pie en las aceras. El inconfundible chasquido las tarjetas al chocar unas con otras se confunde con el hilo musical de los casinos. Los anuncios de shows en pantallas gigantes iluminan la noche de la ciudad en medio del desierto, más que todas las estrellas del impresionante cielo de Arizona en Gran Canyon. El bullicio de la multitud yendo de un lado para otro buscando algún lugar donde probar fortuna recuerda el principal motivo para visitar Las Vegas.

Nosotros no jugamos demasiado, 45 dólares fueron suficientes para pasar unos minutos activando la palanca de una antigua tragaperras y ser invitados a una cerveza mientras nos sentábamos a ver girar la ruleta. Mis 30 dólares duraron exactamente 3 minutos. Jota con 10 fue capaz de ganar algo de dinero antes de volver a perderlo y llevarse una ficha de 5 bucks de recuerdo.

Tras pasearme por más de una docena de casinos, puedo decir que disfutar de las ambientaciones de algunos de ellos son un motivo en sí mismo para la visita. "New York, New York", "Luxor", "Paris", "Bellagio", "MGM"... Como queríamos ver no solo el interior sino the whole picture, subimos en el ascensor más rápido del mundo para elevarnos más de 200 metros sobre el estado de Nevada y poder contemplar su extensión hasta las montañas.

Además de la vista tras el cristal, pagamos unos dólares más y desafíamos nuestro vértigo para ser suspendidos sobre el vacío a esos más de 200 metros del suelo, sólo sujetos a una silla por la cintura, mientras la atracción "Insanity" (locura) daba vueltas y vueltas en el cielo de Sin City. Mi vértigo es el miedo a no poder vencer el extraño deseo de saltar al vacío. En este caso, no era necesario saltar, sólo dejarse caer, pero tras el primer minuto de infinita tensión pudimos disfrutar del espacio bajo nuestros pies y la vista más allá. Valió la pena todo el sufrimiento los minutos previos, pero tampoco voy a presumir de valiente, no volvería a hacerlo.

En lo que respecta al clubbing, la noche del estado de Nevada no es muy diferente a la de California, aunque más frenética y alocada a pesar de que los clubes cierran mucho más tarde. La amiga de la chica casada que conversaba conmigo el viernes noche le pidió a un vaquero con sombrero de cowboy que hiciese "algo" al respecto. Jota estaba en medio, y recibió un empujón y algunas amenazas del tipejo borracho en cuestión. No llegó la sangre al río, principalmente porque no nos gusta pelearnos y el día del rodeo en la ciudad, con todos los clubes llenos de tipos con sombrero, no es el mejor para pegarse con un vaquero. Si hubieran sabido que yo también hice de cowboy antes de cumplir los 9 años, no echándoles el lazo sino paseando vacas, tal vez nos hubiera tratado mejor...

Sin City, donde la ruleta nunca deja de girar, donde Elvis se casa a diario con su prometida del día anterior, donde hay mesas de apuesta mínima de 1.000 dólares, donde el desierto se convierte durante unos kilómetros en paraíso del vicio... Si algún día vuelvo prometo escribir de nuevo sobre ella.

martes, noviembre 29, 2005

Mercados de carne

Entre los usos y costumbres de cualquier soltero, o tío sin novia de pro, las visitas nocturnas a los mercados de carne son un must, o algo de obligado y periódico cumplimiento.


Esta nomenclatura, “mercados de carne”, está totalmente aceptada y es de uso generalizado en el corredor atlántico vigués-coruñés del que yo provengo. Aún así, para aquellos a los que no les resulte familiar, simplemente decir que se refiere a esos lugares a visitar generalmente viernes o sábados noche, en muchas ocasiones con la sana intención (o ingenua esperanza) de no dormir solo.


Con la llegada de Jota, un buen amigo, coruñés de pro, a San Diego (SD), queda compensada la falta de mis mayores compañeras de juergas y festejos, las tantas nombradas veces en este blog Laura y Mandy, quien vuelve a casa este miércoles. Nuestro primer fin de semana, además de para ponernos al día de la actualidad a ambos lados del charco, visitas paisajísticas a colinas del extrarradio, intentos de navegación en la Bahía, turismo culinario e iniciación al golf, ha servido también para introducir a mi colega coruñés en las noches californianas de Downtown SD, algo digno de ver y, porqué no, experimentar. Con total seguridad, Jota coincidirá conmigo, después de no habernos quedado en casa una sola noche desde el jueves pasado, en que más allá de escuchar o leer historias sobre ello, hay que vivirlo en persona para llegar a entenderlo. Más aún, me atrevería a afirmar que sería imposible comprender los modos de la sociedad yankie sin estas vivencias o clases prácticas de antropo-sociología.


Con casi 27 años, la mayoría de los cuales desde que tengo “edad de merecer” siendo un tío sin novia, puedo decir sin vergüenza que he paseado mis virtudes y defectos con nocturnidad, predemitación y alevosía por innumerables mercados de carne, en diferentes países y con compañías de lo más diverso. Mientras algunas cosas cambian al cruzar fronteras, no necesariamente entre distintas naciones sino también entre ciudades cercanas, otras se mantienen invariables sea cual sea el idioma de los habitantes nocturnos. Al respecto de Yankilandia, o al menos en lo que a SD se refiere, muchos y muchas de los seguidores de este blog os habréis quedado con la equivocada idea de que todos estos lugares son como Rosarito, pero como ya he intentado explicar en más de una ocasión, no son para tanto, aunque tampoco están mal.


Los clubes del centro, Downtown, en la finest city of America, podrían ser fácilmente clasificados con respecto a su nivel de mercadeo fijándose en la cuantía del cover, o precio de la entrada sin derecho a consumición. A mayor número de bucks a desembolsar, mayores posibilidades de encontrar una compañera para practicar bailes yankies al son del hip-hop o R&B de turno, los ganadores hablando de los estilos musicales preferidos por aquí. No hace falta mencionar que Jota y yo, bien acompañados por Judith, Yoko y/o Mandy, no hemos bajado de los 10-20 dólares de fee, excluyendo la visita curiosa al garito alternativo al lado de Newport Place el jueves pasado, nada más bajar del avión. Por suerte, mis tres meses viviendo la noche también han sido útiles para ahorrarnos el pagar alguna entrada y no perjudicar tanto nuestro limitado presupuesto.


Creo que ya estoy tan acostumbrado a los bailes y rozamientos californianos que casi nada me resulta demasiado chocante, aunque el pasado sábado nuestros ojos no daban crédito ante la técnica de danza, por llamar de algún modo a las piernas de ella sobre los hombros de él, de una pareja recién creada en medio de la dancefloor. En España se hubieran ganado el que alguien les pagase el motel tras los primeros 10 minutos. Cuando vuelva al clubbing vigués-coruñés tendré que contenerme para no seguir la dinámica nocturna californiana. Bailar nunca ha sido lo mío, pero con los años he conseguido pasar de hacerlo horriblemente mal a pasar simplemente desapercibido, o ser uno más sobre la pista. Si no dejaba de moverme cuando mis amigos o amigas me miraban con “asombro” hace 10 años, no voy a dejar de hacerlo ahora. Y si es bien acompañado, mejor que mejor. Jota tampoco era un gran bailarín en Coruña, sino más bien de los que intenta no moverse mucho para cumplir el trámite, pero tengo la impresión de que el estilo de las americanas ha servido para acabar de animarlo a probar...


La técnica de aproximación en la pista podría ser materia de estudio en los documentales de naturaleza salvaje del Discovery Channel, o en una adaptación de aquellos de Félix Rodríguez de la Fuente [wikipedia] en “Fauna Ibérica”, cambiando el nombre por “Fauna de la Baja California”. Seguro que recordáis su tono de voz: “... el macho inicia el ritual de apareamiento acercándose sigilosamente a la hembra para sorprenderla por detrás...” Aunque las tías también practican esta técnica para acercarse y bailar, normalmente son ellos quienes inician el juego: se acercan por la espalda, pasan las manos por su cintura y empiezan a rozarse (o frotarse, como dice mi amigo). Si la chica está receptiva, le dedica una rápida mirada a su candidato y sonríe. Como a mí esta absoluta carencia de comunicación verbal y manera de aproximarse me recuerda a los perros del parque oliéndose el culo y moviendo el rabito, acostumbro a preguntar primero, en correcto inglés, tras lo cual recibo una negativa o una sonrisa de una chica que, por supuesto, me dará la espalda para iniciar el ritual. Es medianamente complicado explicarlo con palabras, pero con seguridad podréis imaginar más o menos cómo funciona... Como también he dicho ya en alguna ocasión, bailar de este modo tan "sexual" así no implica necesariamente que vaya a ocurrir nada más. Es simplemente una costumbre de la fauna del lugar, eso sí, de obligado cumplimiento si uno tiene la sana intención o ingenua esperanza de no dormir solo tras visitar alguno de los populares mercados de carne de Downtown SD.


No me extiendo más, porque alguno/a podría empezar a sufrir del corazón, y además tengo a Jota tirado en el sillón pidiendo la cena. En unos días nos iremos a visitar otras reservas naturales características de USA, como pudiera ser el hotel Tropicana y varios casinos de Las Vegas o el Gran Cañón. Espero poder escribir sobre ello no más allá del domingo o lunes que viene.


viernes, noviembre 25, 2005

No pesan los años

Ahora mismo, tras mi GMAT de ayer y las últimas semanas de estudio, seguramente podría redactar un buen artículo sobre sobre los libros, prácticas y tests adecuados para obtener una nota alta en ese examen, pero creo que os iba a interesar más bien poco, así que lo dejo para algún loco que me haga una petición explícita por email. Esta entrada de post-examen versará sobre algún otro suceso extraño de Yankilandia, relacionado indirectamente con mis semanas de estudio para el GMAT y Arguiñano.


Hace algo más de un año, tras pasar un verano extraño, decidí dejar definitivamente la práctica deportiva “profesional”, entiéndase, entrenar con algún equipo para jugar en alguna competición más seria que las changas de fines de semana con los amigos. Tras dos temporadas dedicadas a jugar al fútbol, nada menos que de lateral derecho estilo “perro de presa” o “corredor de fondo”, me cansé de jugar bajo la lluvia en campos de tierra y piedras que no permitían sacar a la luz toda mi “calidad” (ya se sabe que no es lo mismo tirarse a por el extremo rival en césped que en pedregales, en los primeros se duele el contrario y en los segundos las rodillas del menda) , y decidí volver a mi amado baloncesto, recuperando de alguna forma 10 años ya muy lejanos. La vuelta no fue precisamente exitosa, y ni siquiera conseguí hacerme con una ficha en el equipo escogido. Lo de entrenar sin jugar nunca ha sido lo mío, así que tras pasar ese verano extraño del que hablaba al principio del párrafo, seleccioné una práctica física de la que no pudieran excluirme ni exigiera levantarse temprano los domingos o dejarse, literalmente, la piel en el campo: me metí en un gimnasio.


Quisiera hablar de lo curioso de los gimnasios, o incluso de todos esos años jugando al basket y lo mucho que le debo, pero acabaría escribiendo un post todavía más interminable yéndome por unas ramas como estas mismas. El único motivo de citar el gimnasio, o mis meses en él sólo interrumpidos por las numerosas lesiones del último año (esto da para otro post todavía más largo e insufrible), es justificar cómo pasé de mis 70 (o menos) kilitos de siempre a los 75-76 de los que presumía antes de llegar a USA. Bueno, la consecuencia más visible de mis 3 meses en San Diego es que vuelvo a ser el tirillas delgaducho de siempre, con una fisonomía más parecido a corredor de 1.500 que a jugador de baloncesto. Tras cambiar el gimnasio por la biblioteca, adiós a mi “masa muscular” y hola de nuevo a mis bracitos de boxeadora del peso minimosca.


La semana pasada leía en LaVoz o ElFaro, lecturas obligadas y diarias para vencer mi morriña galega, sobre el alto índice de gente con sobrepeso y obesidad en Galicia, ya no sólo en gente mayor de 60 años, sino también en chavales menores de 17 y población de edad intermedia. No creo que nadie se extrañe, los galegos tenemos fama de buenos comedores, es decir, de comer como bestias. No en vano las bodas celebradas en La Terriña son probablemente donde más manjares se pueden llevar a casa los camamareros del banquete. Esta aparente contradicción se resuelve sabiendo que además de comer mucho nos gusta poner comida de más sobre la mesa. Al final, sobra, a pesar del “bandullo” a punto de explotar de todos los asistentes.


Por cierto, a ver quién es el primero o primera que me invita a una boda, a Schwarzie no se lo voy a pedir que últimamente se está portando con el tiempo, así que no os dejéis guiar por aquellos que dicen que como por tres, casaros ya e invitadme. Total, por mucho que yo coma, va a sobrar...


Arguiñano sólo hay uno. Tras aquel primer famoso programa de TV “Con las manos en la masa” de los 80-90, sin duda nuestro querido Carlos ha servido para que muchos de nosotros avánzasemos en el complicado arte de la cocina, además de la afición a la buena mesa, y no sólo a la gran mesa. Bea, la persona que primer me aconsejó sobre cómo preparar el examen de ayer miércoles, y a quien fue dirigido mi segundo email tras el examen, hace en todos sus correos una referencia a Arguiñano, seguramente para darme envidia y recodarme lo bien que se está en casita. Ella se dedica a la cocina mientras decide qué MBA cursar el año que viene. Yo, mientras tanto, tengo la solución para aproximadamente la mitad de la población obesa o con sobrepeso de Galicia. Nada de extrañas dietas, gimnasios, carreras por la playa y demás historias para no dormir. Es mucho más sencillo.


Antes de venirme a USA, con las estadísticas de más del 25% de yankies obesos en la mano, además de su fama de "comehamburguesas", parecía lógico pensar en volver a casa con unos rollizos flotadores o agarraderas laterales, pero la verdad es que la inmensa mayoría de mis amigos europeos han perdido peso, igual que yo.


Teniendo en cuenta la cantidad de dinero que se deja mucha gente en casa comprando productos milagrosos para perder peso, la frustración al no conseguirlo, la enorme cantidad de problemas basculares que acarrea y, por tanto, gasto para la Seguridad Social, etc., etc.; una solución razonablemente barata, y posiblemente beneficiosa para el Estado, sería enviar a todos los interesados en bajar kilos a estudiar (o cada uno que lo llame como quiera) a California. Ahora bien, esta solución solo sirve para los componentes del sexo masculino, porque la mayoría de amigas europeas han ganado peso en San Diego tras 3 meses. Eso sí, antes de enviar a todos esos tíos para aquí esperad a que yo me vuelva.

Si nos fiásemos de la encuesta de población realizada involuntariamente por mí estas semanas, escuchando los lamentos de mis amigas y los comentarios normalmente felices de mis amigos, podríamos creer que está científicamente demostrada la causa-consecuencia California-pérdida de peso en hombres-ganancia de celulitis en mujeres. Como nadie se lo explica, vamos a dejarlo como curiosidad de USA característica del sur de California. Yo, por mi parte, me contengo y no escribo mis teorías para intentar desentrañar el misterio.


Sobre la receta que ha servido escribir este post, qué puedo decir, mezclar el GMAT con Arguiñano y la pérdida de peso no podía generar nada bueno. Y ahora os dejo y me voy a comer una hamburguesa con ración extra de fries y refresco mediano, eso sí, diet...



viernes, noviembre 18, 2005

La extraña rutina

Después de casi tres meses en San Diego, tanto yo como muchos de mis amigos y amigas tenemos la sensación de que nos vamos "mañana". La realidad es que, al que más y al que menos le quedan todavía de 3 a 5 semanas en San Diego antes de volver a casa por Navidad, como el turrón. En mi caso, exactamente 4 semanas y dos días, sin contar el domingo 19/12, el cual pasaré sobrevolando USA de costa a costa y también parte del Atlántico.

Esta sensación es comprensible. El principal motivo es que en una estancia tan prolongada como esta, si la comparamos con cualquier viaje de 2-4 semanas de un turista típico, una extraña rutina se apodera del personal, convirtiendo la continua novedad en algo tan cotidiano como estar en casa. De algún modo, nos hemos acostumbrado al lugar, a la gente, al día a día... Y mirando al pasado reciente, nos parece que las semanas restantes son un plazo de tiempo ínfimo comparado con los meses que ya han pasado. De forma insconciente y errónea, asimilamos un plazo de 3-5 semanas a algo totalmente fugaz, a un par de días.

Si os identificáis con el "tipo medio", o al menos con la mayoría de mis amigos en España, coincideréis conmigo en lo siguiente: cuando uno vive en una ciudad durante un tiempo prolongado la considera su casa, y se comporta en ella como si fuera algo absolutamente corriente, sin nada de especial, sin molestarse en visitar y conocer todos esos lugares e historias que interesan a los típicos turistas o gente de paso. Todo esos lugares, monumentos, museos, etc. están tan al alcance de la mano, tan cerca, que no tiene ningún mérito ni sentido molestarse en pisarlos. Para qué? Están ahí, y lo seguirán estando dentro de 5, 10 o 100 años, podemos ir en cualquier momento, hay tiempo...

He vivido en Coruña durante 8-9 años. Mis visitas a lugares de paso obligado como La Torre de Hércules, el monte de San Pedro, el Museo del Hombre, el Planetarium, etc. se han debido casi de forma exclusiva a dos motivos:

- Uno, cualquier tarea cotidiana, como mis "paseos" por la ciudad mientras hacía prácticas o exámenes para el carné de conducir, entrenamientos con el equipo de fútbol en La Torre o en el parque de San Margarita, quedar en la plaza de María Pita para ir a tomar algo...

- Dos, alguna visita. De hecho, a algunos de mis visitantes les mostré gran parte de la ciudad llevándolos a cada uno de los lugares donde había suspendido el examen de conducir: mal-aparcando en el Castillo de San Antón, el ceda el paso que me salté en la rotonda de La Torre... La mayoría ya sabéis cuántas veces suspendí el práctico, así que no sigo para no quedar en evidencia antes los desconocidos... Era todo un guía turístico, eso sí.

La primera semana que pasé en Coruña, con 17 años, mis compañeros de piso y yo nos dedicamos a pasear y conocer un poco las calles en las que vivíamos. Después de esos primeros días, el hambre de conocimiento urbanístico se limitaba a lo estrictamente necesario, es decir: universidad, supermercados, pabellones deportivos, pubs, y casas de amigos en las que se celebrabasen fiestas. Cada uno de nosotros ordenaría estos sitios con distinta prioridad, pero no creo que ningún otro de los de aquel año echase ningún lugar en falta en esta breve lista.

De Vigo podría decir prácticamente lo mismo, con un agravante: soy vigués, mis amigos/as vigueses no venían a visitarme a Vigo, así que las visitas ex-profeso a los lugares que merecen ser visitados en la ciudad más populosa de Galicia se han limitado, hasta la fecha también casi de forma única, al turisteo veraniego de hace un par de años con mi novia coruñesa de aquel momento. Lógicamente, uno conoce "su" ciudad o, en este caso, sus dos ciudades, pero es más por una mera combinación de inercia más tiempo que por un interés consciente y explícito. Teóricamente, algunas de mis amigas alemanas en San Diego vendrán a visitarme en grupo en un par de meses o tres, lo cual aprovecharé para reconocer y revalorar mis ciudades galegas favoritas.

Con todo, toda esta pequeña historia es simplemente para ilustrar algo con lo que la mayoría de los moradores temporales en San Diego nos hemos visto sorprendidos:

Después de tres meses en esta ciudad del sur de California, hemos realizado más visitas ex-profeso en ciudades de fin de semana que en el propio San Diego. En mi caso, he visitado más monumentos, museos y sitios de paso obligado en tres días en San Francisco que aquí. Y sí, es cierto, al redactar una lista comparativa de San Diego con la de mi primer año coruñés sale casi lo mismo, cambiando "pubs" por "clubs" (sólo cambia el nombre, lo de dentro es muy similar) y "pabellones deportivos" por "playas" (las playas en Coruña están en la ciudad, y dejan bastante que desear).

Tras la primera semana, casi todos equiparamos esta ciudad con nuestro nuevo hogar, sirviendo de lugar de trabajo/estudio/fiesta (dependiendo del caso, una, dos o tres actividades al tiempo) para el día a día y "base de operaciones" para el turisteo y conocimento de lugares más o menos próximos, en los cuales sí practicamos el ocio de foto y aprendizaje urbanístico, histórico o artístico. Por poner un ejemplo, Christina, en sus tres semanas aquí, pudo conocer mucho mejor Las Vegas, Los Ángeles, San Francisco o el outlet mall en la frontera con México que el propio San Diego. La proporción de fotos tomadas en unos u otros lugares no deja lugar a dudas. Estaba de visita, pero la amiga que visitaba vivía aquí, y ella acabó siendo equiparada a cualquiera de los "cotidianos", a los de todos los días, los cuales consideramos este lugar nuestro hogar intemporal, perdiendo la perspectiva y desaprovechando la oportunidad de complementar el conocimiento de lo cotidiano con el marco genérico que forma todo aquello que merece ser visitado, fotografiado, visto, leído, etc.

La extraña rutina se apodera de nosotros y nos impide, en ocasiones, fijar la perspectiva correcta a la hora de valorar lugares y plazos de tiempo. A pesar de ello, yo sé perfectamente lo que significan 4 semanas y media: la primera, mi examen; la segunda, San Diego con Jota; la tercera, Los Ángeles y Las Vegas; y, la cuarta y última, despedirme de mis largas semivacaciones yankies y convencerme de volver a casa valorando correctamente, como se merece, todo aquello tildado, en muchas ocasiones de forma negativa, como cotidiano.

sábado, noviembre 05, 2005

Halloween, o de cuando casi me deportan

Antes de salir de casa el pasado sábado noche (hace ya una semana) tenía una sensación extraña, inhabitual, muy alejada de mi alegría típica cuando nos reunimos alrededor de la mesa en el backyard de Newport Place para tomar algo antes de salir. Mi intuición me aconsejaba no ponerme las lentillas y quedarme en casa tranquilamente, pero prestar atención a una sensación así es complicado un sábado por la noche, sobre todo el fin de semana de Halloween...


Mi roommate, o compañera de apartamento, Judith, se hizo un disfraz con una sábana, un cinturón y una “corona de laurel”. Ella se iba de romana a una fiesta de disfraces (yo también salí “en sábana” a la calle el lunes, pero esa es otra historia), y los demás -Tonecho, Mandy, Laura, Demian, Frederik y yo- al centro, a “nuestro” club de los sábados. Os doy nombres para que podáis seguir con detalle la historia.


Como es habitual, salimos tarde, casi corriendo hacia el centro para tratar de evitar la interminable cola. A mi cámara se le acabaron las pilas poco después de salir de casa, y no pudimos retratar como quisiéramos al inmenso gentío y los muchos y diversos customs que pululaban por Downtown. Cuando llegamos al club, tarde, la cola era interminable. Además, por algún motivo, no estábamos en la lista, lo que significaba pagar los 20 bucks de cavern. El hombre despistado, es decir, yo mismo, se dio cuenta tras 15 minutos en la cola, cerca de la entrada, que había olvidado el pasaporte... Primer olvido; primer, éste leve, error.


En USA, salir a la calle sin identificación es equivalente a ser menor de 21, es decir, “sólo” puedes conducir a partir de los 16, y votar y comprar armas tras los 18, pero “nada” más. Son maduros como para llevar un coche a los 16. Eligen presidente y demás como nosotros, a los 18, pero, ¿entrar en un club antes de los 21? Eso no, por favor, en esos sitios donde la gente bebe alcohol y baila como si estuviera practicando sexo... Es ridículo, pero también lo es que tenga un departamento responsable conjuntamente de la comida y las drogas: “Food and drugs”. Sin comentarios.


Creo que si aparentas más de 30 no te piden el id. Aunque a mí no me queda tanto para ponerme el 3 delante, mi babyface todavía me obliga a mostrar el visado con la foto de máquina de la Embajada Americana en Madrid. El día que no me lo pidan empeceré a sentirme mayor, así que sigo sonriendo con alegría cuando el portero comprueba que el tío de la foto de mi pasaporte se parece a mí.


Con todo, Laura también olvidó el pasaporte y Demian, el amigo americano de Mandy, no llevaba, por lo visto, un “calzado adecuado” para entrar en nuestro club de siempre. La gente entra con zapatillas de deporte en casi cualquier sitio, eso sí, con collar -cuello de camisa o polo-, pero a nuestro portero preferido no le debió gustar la pinta de hip-hop-pero de Demian.


Mandy y Demian fueron a otro club y los otros 4 de vuelta a Newport Place a recoger nuestra cara de fotomatón. Frederik, en la primera decisión acertada de la noche, decidió quedarse a dormir. Cuando volvimos, media hora después, ya no podíamos entrar en el club preferido de Mandy, aquél de la pelea de mujeres en el post “Pressing Catch" [lafiebredeloro.blogspot.com]. Habían tenido otra pelea, esta vez bastante más seria y numerosa, y la policía le había prohibido dejar entrar a nadie después de las 23.30, así como servir copas más allá de las 12.


No nos íbamos a ir a casa, así que tras otra media de hora de line y los 20 € de rigor conseguimos entrar en otro club. A la tercera va la vencida. Entrar en cualquier sitio a las 12, sabiendo que cierran a la 1.30, tras pagar el cavern y sabiendo lo que cuesta una copa es una locura, pero otra vez, era el sábado noche de Halloween...


Cuando encendieron las luces, Laura estaba más “contenta” de lo normal o, dicho sin eufemismos, estaba borracha. Supongo que las alemanas no pueden beber como los españoles. Parecía que la noche se acababa, pero no había hecho más que empezar. Laura había conocido a “Los Albertos” (Koplowitz, Torres Kío, la cultura del pelotazo...) en el club. Esto es, había conocido a dos primos, que no se llamaban Albertos sino Alfonsos. Eran americanos con ascendencia mexicana y estaban empeñados en llevarse a Laura a México, concretamente a Tijuana, a seguir con la fiesta. Tonecho, demostrando que los años de experiencia sirven de algo, en la segunda decisión acertada de la noche, cogió un taxi y se fue a dormir. Yo estaba suficientemente animado para no querer dormir y suficientemente sobrio para no dejar que Laura cruzase la frontera sola con sus dos nuevos amigos. Así que nos subimos al coche (enorme, cómo no) de los Alfonsos, y nos fuimos hacia México, eso sí, tras pasar por los apartamentos, despertar a Mandy y sumarla al grupo. Demian había tenido una bronca y, en la tercera decisión acertada de la noche, también se había ido a dormir.

Cuando llegamos al primer club de Tijuana debían ser las 3.30 de la noche. A los dos siguientes nos acompañaron dos amigas mexicanas. Tijuana, al menos esa noche, no fue como el Rosarito del post más leído de la historia de este blog, así que poco nuevo hay que contar. A pesar de ello, dos días después me enteré, en la cena que Laura nos preparó a Mandy y a mí como agradecimiento por haberla acompañado, que el estómago/vientre de una de ellas (quién es lo de menos) había servido de barra improvisada para el tequila, la sal y el limón de uno de los primos. Por lo visto, me perdí lo mejor lo de la noche.


Tras 3 horas, 3 clubes, 2 mexicanas y muchas cervezas entre pecho y espalda del Alfonso no conductor pero dueño del enorme coche, éste se dio cuenta de que la mexicana que le había tocado en suerte no estaba interesaba en alguien tan borracho como él, y decidió volver a su patria. Nosotros tres y su primo, obviamente, lo acompañamos. Adiós a las amigas mexicanas, adiós a México y, con un poco de suerte, hola a mi cama y a dormir en media horita. Eran casi las 7 de la mañana.


Puede dormir en media hora, sí, pero sólo en el coche. Llevábamos alrededor de una hora esperando para cruzar la frontera cuando uno de los guardias americanos me despertó para pedirme el pasaporte. Con los ojos cerrados conseguí encontrarlo en mi bolsillo del pantalón y volví a recostarme en el asiento. Tras 10 segundos me volvió a despertar: “Where is you ai-twenty?”. “Con el pasaporte”, respondí yo. Pero no, no estaba allí. Segundo olvido de la noche. Segundo, esta vez grave, error.


Los primos americanos-mexicanos tenían un id estadounidense, no les hacía falta. Mandy y Laura están en un intership, no son estudiantes, tampoco lo necesitaban. A mí, con un visado de estudiante F-1 no pueden dejarme entrar en el país sin mi I-20...


Tras un rato de conversación el (extremadamente desagradable) guardia, permitió que mis amigas y los primos pudiesen ir a buscar mi I-20 y volver a recogerme. Eso sí, si no volvían en 40 minutos, a mí me deportaban... A alguien se le puede pasar por la cabeza que puedan deportarle a uno por olvidarse un papel? A mí no, pero el hombre del uniforme y la pistola parecía decirlo en serio.


Pude quedarme en casa a dormir antes de salir. Pude quedarme en casa a dormir, como Frederik, al volver por el pasaporte. Pude quedarme en casa a dormir antes de ir a México, como Tonecho o Demian. Ellos eligieron bien y yo olvidé primero el pasaporte y después el I-20. Por todo ello estaba semi-dormido-durmiendo, de pie, solo, sin poder moverme más de unos metros a un lado o al otro, en frente de una caseta de la policía de frontera entre México y USA, esperando a que mis amigas alemanas volvieran a rescatarme del sábado noche de Halloween.


Después de media hora, mi móvil sonó. Era mi roommate, a quien habían Mandy y Laura para ayudarles a buscar el I-20 en mi habitación. No lo encontraban. Según ellas, no estaba allí. Con lo despistado que soy podría haber ido a parar a la papelera en alguno de mis días de poner orden en mi escritorio. Así que les pedí que siguiesen buscando, mientras yo pensaba en ver a mis amigos vigueses, mi family y los bares de tapas, etc. con dos meses de antelación. Por suerte o por desgracia, finalmente lo encontraron y 20 minutos más tarde Judith y Mandy estaban en el border de nuevo para llevarme a casa.


Sinceramente, no entiendo cuáles son los criterios del proceso de selección para contratar a los guardias de la frontera. La capacidad para ser desagradable, el tono amenazante al hablar y la estupidez deben ser criterios básicos. Tal vez todos juntos. Si no es así, es inexplicable que desde el primer hasta el último minuto nos tratarán de la forma que lo hicieron por haber olvidado un papel. Ni siquiera cuando mis amigas volvieron con la documentación se ahorraron ni una sola de las amenazas y gestos despectivos. Según ellos, me podía retener allí no sé cuántas horas más... O les gustaba mi camisa, o mis amigas o vaya usted a saber. A todos nos dieron ganas de volver a Europa después de aquello, pero está claro que no volveremos a México. No por México, sino para no tener que volver a cruzar la frontera.

PS: Schwarzie, por favor (ya ves que lo pido con educación), suma a mi lista de peticiones unos cuantos guardas agradables y educados en la frontera.

domingo, octubre 30, 2005

San Francisco: qué hay de bueno en las ciudades?

Antes de nada, si tuviera que dar mi opinión sobre San Francisco desde el punto de vista de un turista, me gustaría subrayar que es un lugar increíble. En la modesta opinión de un vigués-coruñés buscando “oro” en California, es una de esas visitas obligadas para cualquiera al que le guste ver ciudades, hacer fotos y, lógicamente, pueda permitírselo. Sin embargo, a mí me cuesta terriblemente escribir sobre las bondades arquitectónicas y similares de los sitios, por bellos que sean.


San Francisco, según dicen y he comentado en alguna ocasión, es la ciudad más europea de la coste oeste estadounidense. Lo único que yo puedo decir, al no haber estado hasta el momento en más lugares en USA, es que San Francisco, sin lugar a dudas, tiene un aspecto más europeo que San Diego. Amplias aceras, árboles en las calles, la mayor “colección” de casas de estilo victoriano del mundo, un ir y venir de gente que no cesa aún cuando cae la noche, estupendos museos de arte moderno...


Con todo, como es habitual en mí, no me han llamado tanto la atención el skyline, el Golden Gate o las terribles cuestas (lo de Vigo no son cuestas al lado de estas, creedme o ved las fotos en flickr), como otras cuestiones relacionadas con la gente y diversas situaciones llamativas, a pesar del poco tiempo (3 días) que he pasado allí.


La primera mañana, desde el embarcadero, intentando otear el Golden Gate en el horizonte, sin saber cuál de los numerosos puentes sobre la Bahía de San Francisco sería el adecuado, se me acercó un patinador preguntando de dónde era. Cuando alguien se te acerca de ese modo, sin motivo aparente, cuando claramente eres un turista o “guiri” en un lugar típico para tales especímenes, mi naturaleza desconfiada hace que me ponga en guardia, comprobando que la cartera sigue en su sitio mientras busco al otro patinador y posible cómplice. Sigo sin aceptar que mis pintas no son como para convertirme en objeto de robo para ningún "caco" con dos dedos de frente, y sigo también sin acostumbrarme a lo amigable (friendly) que es la gente en Estados Unidos. Josh estaba disfrutando de la bahía con su novia, la cual apareció minutos más tarde, también en patines, y estuvo charlando un buen rato con nosotros, interesándose por nuestra vida en USA y recomendándonos algún lugar digno de visita. De verdad, me impresiona enormemente el carácter extrovertido y sociable de la gente aquí, sea en San Francisco o en San Diego, pero esto impresión positiva se combina con lo negativo de su aparente falta de interés real en compartir tiempo más allá de conversaciones educadas, pero vacías.

Ayer noche me confirmaba Julie, chica de Ohio “emigrada” a San Diego, que en su tierra la gente es totalmente diferente, menos superficial... Supongo que volveré a casa sin saber de verdad cómo es la gente de USA.


Hace alrededor de una semana sabíamos por las noticias que tres niños/adolescentes se había ahogado en el embarcadero de San Francisco. Estaban borrachos y se cayeron al agua. La zona seguía con el cordón policial y en un banco cercano había varios peluches, algunos juguetes, flores y notas manuscritas. Me hubiera gustado sacar una instantánea del marco, pero a una de mis amigas le parecía una falta de respeto y a mí no me apetecía explicarle en inglés mi vocación de “fotógrafo sociológico”. Además, esas imágenes acostumbro a retratarlas mejor en mi memoria que en los propios negativos. Era el pier 39, muy cerca de donde salen lo barcos hacia la isla donde se sitúa la antigua prisión de Alcatraz.


A medida que nos acercábamos a la isla, en un barco como esos que cruzan la Ría de Vigo (porque la siguen cruzando los mismos barcos, no?) destino a Cangas o Moaña, teníamos la oportunidad de retratar el skyline de la city, así como el Golden Gate y los demás puentes sobre la Bahía. Apetecía quedarse allí de pie, al borde del barco, con la mirada perdida bajo el cielo gris y con la brisa marina dando buenos motivos para esbozar una sonrisa de tipo melancólico. Sin embargo, en pocos minutos estábamos a los pies de la antigua prisión, donde hace más de 40 años recluían a los presos más peligrosos y problemáticos de Estados Unidos. Clint Eastwood fue el protagonista de Escape from Alcatraz, narrando la única fuga exitosa (o no, creen que se ahogaron en la Bahía, aunque nunca encontraron los cadáveres) de la historia de la prisión. Con todo, lo más interesante, para mí, no eran los personajes famosos ni caminar por Broadway, el pasillo central de celdas, sino saber que los nativos (indios) americanos habían ocupado el peñón como forma de reinvidicación política y social durante más de 19 meses. En su “Proclamación al Gran Padre blanco y a toda su gente” mencionaban que Alcatraz les recordaba a una reserva india porque estaba aislada de las comodidades modernas, su suelo era rocoso e improductivo y la tierra no daba alimento a los animables de caza. Como casi todas estas reinvidicaciones ante la injusticia, al principio tuvieron repercusión en los medios, y con el paso del tiempo la fueron perdiendo en favor de cualquier otro tema de actualidad. En todo caso, aumentaron la conciencia del ciudadano medio sobre los problemas y circunstancias de los indios americanos, pobladores originales de América del Norte.


En cualquier caso, lo mejor y más divertido del viaje, a parte de la compañía, fue sin duda, la pumpkin party a la que nos invitaron en Berkeley. Nunca pensé que sentarse en el suelo a vaciar, dibujar y recortar calabazas pudiera ser tan entretenido, ni pudiéramos reirnos tanto haciéndolo tras solo una cerveza. Es increíble la importancia que le dan en USA a Halloween. Llevamos todo el mes rodeados de calabazas, arañas, telarañas y brujas por todas partes, e incluso hay gente que se disfraza para ir a trabajar.


Al final, para responder de verdad sobre si me ha gustado San Francisco, como le comentaba a Jessie -el hijo del amigo del padre de Laura, quien nos invitó a la fiesta- cuándo me preguntaba si me gustaba vivir en San Diego, no soy alguien capaz de medir lo mucho o poco que me gustan las ciudades por el clima, la comodidad de moverse de un lado al otro o cualquiera otra de esas cosas. Para mí, al final, siempre se reduce a con quien estoy en cada lugar, y lo mucho que puedo aprender o disfrutar de la compañía, sea en el Polo Norte, la cima del Teide o el sofá de mi casa viguesa. Sobre San Francisco, a pesar de de lo mucho que le gusta hablar alemán a mis amigas alemanas, mi respuesta es sí, me ha gustado. Sobre San Diego, como le dije a Jessie, lo echaré de menos.


Cuando volvimos de San Francisco, ya en San Diego, tras la cena de despedida de Christina, me tocó acompañarla en la caminata de vuelta para buscar un cajero y sacar el dinero para el taxi al aeropuerto del día siguiente. Por el camino se empeñó en rebuscar en su cartera toda la calderilla yankie que había acumulado en sus tres semanas aquí, para poder dárselo a algún homeless antes de irse. No es que falten personas sin hogar en San Diego (ni en SF, algún día tengo que escribir sobre esto), pero no encontramos a nadie hasta que localizó a alguien durmiendo en un portal oscuro ya muy cerca de Newport Place. Supuse que seguiría caminando, pero al momento se arrodilló para despertarlo y explicarle que estaba de visita, se iba al día siguiente y, aunque no era mucho dinero, quizás podría servirle de ayuda... El hombre, bastante demacrado y, supongo, aparentando más años de los que tenía en realidad, por eso vivir a la interperie, le dio las gracias con la misma cara de asombro que yo tenía. Tal vez no sea algo excepcional, como para asombrarse, pero ciertas cosas, hechas con tanta naturalidad, sí son sorprendentes para mí.


Supongo que nunca seré un buen escritor para catálogos de turistas. Mi respuesta, a la pregunta del título de este post, coincidirá con la de muchos de vosotros/as: la gente que vive en ellas.

martes, octubre 25, 2005

San Francisco, ahí voy!

No tenía pensado escribir nada más hasta volver de San Francisco, dentro de unos días, pero tras el vaso de vino (blanco, Livingstone, un clásico en Newport Place) me apetece daros un poquito de envidia sana, por lo que os sirvo esta entrada totalmente atípica.

Laura y Christina están todavía esperando a que la secadora acabe su trabajo (1 dólar, 4 quarters, mucha paciencia) y poder así hacer la maleta. Hace unas horas han llegado de Las Vegas y El Gran Cañón (sí, el del río Colorado) y en menos de 8 horas estaremos volando los tres hacia San Francisco, la ciudad del Golden Gate, Alcatraz... La mía, maleta que me ha prestado Mandy, en realidad, está lista desde hace unas horas, pero sigo despierto a pesar de no haber dormido más de 4 horas la última noche.

Éste será mi primer viaje más allá de los límites de San Diego, tras aquella excursión veloz de cena y clubbing a Rosarito (México), que muchos recordaréis por la "Carta a los padres americanos". Supongo que por eso estoy cansado, pero sigo sin ser capaz de dormir.

No sólo visitaremos San Francisco, con un tour por la ciudad además del ferry y consecuente paseo por la isla de "La Roca", Alcatraz, sino que también nos pasearán por Oakland y Berkeley, gracias a unos amigos del padre de Laura.

He escuchado tantas cosas acerca de la belleza de la ciudad más europea de América, que estoy sorprendido de lo mucho que me apetece aterrizar allí y, simplemente, verla. Lo cierto es que, en general, estoy infinitamente más interesado en las personas que en los "ladrillos". Es decir, cuando viajo, mi intención es conocer gente de las ciudades o países visitados, y no tanto "ver" cosas. En este caso, sin embargo, yendo como turista, en buena compañía y con tanto poco tiempo (tan sólo 3 días), supongo que nos dedicaremos a sacar cientos de fotos y aprender lo más posible sobre la forma de vida algo más al norte de California.

Espero que este breve post sirva para trasladaros un poco de mi emoción por el viaje. Prometo reservar algo de tiempo en los próximos días para narrar la experiencia al estilo de un vigués-coruñés buscando oro en California.

PS: Schwarzie, debes estar realmente ocupado, porque hoy, lunes por la mañana, ha amanecido nuevamente nublado y con una lluvia intermitente muy similar al orballo galego. Dónde está el cielo azul, el sol y la ligera brisa matinal para justificar la sonrisa a juego con las gafas de sol? Como no atiendas a razones por las "buenas", vamos a acabar por "las malas", y ríete tú del malo de "Terminator 2". No sé si me he explicado con claridad...


lunes, octubre 24, 2005

It never rains in Southern California

Hace unos días, un sábado por la mañana, nos paseábamos por el campus de la SDSU como típicos turistas con cámara en ristre, cuando una de mis amigas tuvo la horrible idea de comprar algo para comer en el supermercado, y acabamos sentados ante un par de sandwiches y una ensalada respectivamente. Me temo que el sábado por la mañana no es el mejor momento para comprar algo fresco en el súper del campus. La lechuga de mi Caesar salad estaba pidiendo a gritos volver a la huerta de donde había sido raptada ya demasiados días atrás. Me disponía a tirarla a la basura cuando una de mis prácticas amigas alemanas me recordó que podía reclamar y recuperar mis $3.99. Dicho y hecho:

- "Sorry, my salad is not OK, I think that it is from yesterday, or maybe the day before"

- "Ya, I see, do you want your money back?"

- "Yes, thank you"

Con esta pequeña historia sólo pretendo llamar la atención de algo relevante en este post: Soy capaz de reclamar cuando algo no se ajusta a lo convenido. La lechuga era menos verde de lo que debería y los trocitos de pan, supuestamente crujientes, no crujían, con lo que a pesar de haberme comido una parte de la ensalada, me devolvieron la totalidad de lo que había pagado por ella.


Tras la breve pero importante introducción, vayamos rápidamente al meollo de la cuestión a tratar: Sr. Arnold Schwarzenegger (o debería dirigirme a usted como Sr. “Gobernator”? dígamelo si fuera el caso), las condiciones de mi estancia en California empiezan a alejarse de lo convenido. No se trata de la compañía, la limpieza en las calles, la comida (podría ser mejor, pero ya sabía cómo era esto por aquí) o cualquiera otro asunto menor. Se trata de algo mucho más importante y que estaba en el “contrato”: el clima, o weather, si lo prefiere, en el Sur de California.

Hace días que no luce el Sol. Toda esta semana el cielo ha estado nublado, e incluso ha llovido en varias ocasiones!. Entiendo que esto causará conmoción entre algunos/as de mis lectores/as porque, como yo, llevarán años viendo todas esas películas americanas con playas californianas, donde el sol brilla exultante en el cielo, las patinadoras se dedican a patinar, los surfistas a surfear, etc. Ni ellos/as ni yo hemos visto ni un solo documento gráfico que nos haya permitido ni siquiera pensar de la forma más remota que pudiera llover en el Sur de California. Sin embargo, el tiempo durante estos últimos siete días parece sacado de alguna película ambientada en mi hogar vigués-coruñés.

Reconozco que el primer día de lluvia en California, durante unos quince minutos hace aproximadamente un mes, resultó ciertamente evocador. Supongo que alguno de los moradores de Newport Place me tachó de loco cuando me planté en medio y medio del backyard con mi sonrisa, los brazos abiertos y mirando hacia el cielo. Estuvo bien, me gusta la lluvia porque me recuerda a donde pertenezco. Le agradezco el detalle, Sr. Schwarzenegger, pero con una vez al mes, 15 minutos, es más que suficiente, gracias.

Creo que ha dejado claro en alguno de mis posts anteriores que el lunes por la mañana es el peor día/momento de la semana. Sin embargo, usted no parece haberlo entendido, ya que el pasado lunes tuve que correr bajo la lluvia y entrar empapado en clase. Sinceramente, no creo que esta sea forma de tratar a los turistas... Los lunes por la mañana deben ser soleados, moderadamente calurosos y con una ligera brisa fresca que justifique la sonrisa a juego con las gafas de sol. Cualquier otra cosa está fuera de lugar, y como siga por este camino, con esta falta absoluta de consideración hacia los gustos de sus clientes, como en mi caso, acabará con el turismo, la economía empeorará y su popularidad bajará en picado.

Sé que está preocupado por la opinión de sus votantes. Tanto que se ha cuidado muy mucho de no aparecer junto al Sr. Bush (Sr. Arbusto en español), republicano como usted, en estos momentos en los que su imagen sigue en tela de juicio por la gestión del desastre del Katrina. No quiere que lo asocien con un presidente en horas bajas, lo entiendo. Yo tampoco querría salir en las fotos junto a él, aunque no hubiera huracanes de por medio.

Soy una persona comprensiva. Puedo aceptar que necesiten la lluvia de vez en cuando. Aunque el agua del grifo no sea recomendable para el consumo, supongo que tendrán muchas piscinas que llenar y hacerlo con agua embotellada podría resultar demasiado costoso. Dicho esto, sin embargo, le recuerdo que en nuestro “contrato”, sustentado por la canción que usted y yo conocemos, decía muy clarito “It never rains in Southern California”. Por tanto, como ambos sabemos que la razón está de mi lado y que podría reclamar la devolución de mi dinero, quiero comentarle cuáles son mis condiciones para que podamos llevarnos bien en los dos meses que me restan en California.


1ª) Por si no lo ha anotado todavía, nada de lluvia y tiempo nuboso los lunes por la mañana en el sur de California. No se lo pido sólo por mí, sus millones de votantes se lo agradecerán, y todos seremos más felices si un buen día nos permite encarar la semana con optimismo. Si podía hacer respirable la atmósfera de Marte en aquella película suya (Total Recall) junto a Sharon Stone, con un par de llamadas seguro que puede resolver esto.


2ª) Nada de lluvia (puede estar nublado, pero no llover) tampoco entre las 11 y las 15 de los domingos o, en su defecto, un pabellón cubierto con un par de canastas y un buen parqué. No me malinterprete, la lluvia los domingos por la mañana puede llegar a ser ser incluso apetecible, porque le hace sentir a uno todavía mejor entre las sábanas, sobre todo si está en buena compañía. Sin embargo, alrededor de las 12 de cada domingo este vigués-coruñés cliente suyo se va a jugar al baloncesto con americanos -playground-, y resulta absolutamente desagradable, además de peligroso, jugar bajo la lluvia o la cancha mojada. Si se le acaba el crédito del móvil con el par de llamadas anteriores al hombre del tiempo, por eso de que a lo mejor el tío sigue en Marte, puede usted ordenar a alguno de los miembros de su equipo que nos abra un pabellón un par de horas y todo arreglado.


3ª) Alguna película americana donde se muestre que puede llover en el sur de California. He visto gente con paraguas (increíble, pero cierto), lo cual demuestra que no era la primera vez que llovía de forma copiosa por aquí. Ustedes lo sabían y no nos habían advertido al respecto. Su industria cinematográfica se encarga de seguir enviando esos mensajes de eterno cielo azul y sol brillante. Como usted sigue, sorprendentemente, en el negocio del cine, seguro que no le resultará complicado enviarme un email con los nombres y direcciones de las personas con las que tenga que hablar para gestionar este asunto. Sí, en este caso incluso yo haré el trabajo por usted. Espero pasarme por Los Ángeles antes de volver a España (Jota, nos vamos a LA!), así que no tendré ningún inconveniente en visitar Hollywood y darles algunas ideas.


4ª y última) Cambiar el título de la canción “It never rains in Southern California” por “It usually not rains in Southern California”. Coincidirá conmigo en que van a tener muchos turistas descontentos si siguen viniendo a California con este “contrato” en mente. Es una canción pegajosa y el mensaje es claro y contundente, así que harían mejor en adecuar el título a la realidad para evitar sorpresas y malos entendidos.


Como ves, Schwarzie (espero que no te moleste que te tutee, pero al incluirte en mi blog creo que ya tenemos la suficiente confianza), mis peticiones se limitan a cuatro cosillas. Si has podido llegar a gobernador de California siendo un culturista austríaco, con ese acento tan tuyo y tras protagonizar películas como "Conan el Bárbaro", esto será coser y cantar para tí. Espero que recojas el mensaje con celeridad y pueda levantarme mañana lunes con las gafas de sol y mis ya no tan largos cabellos ondeando con la ligera brisa matinal.

Además, pasaré tres días en San Francisco esta semana, de martes a jueves, por lo cual puedes aprovechar para planificar en estos 3 días la lluvia de los próximos 8 lunes por la mañana. Al final, aunque nunca llueve a gusto de todos, hablando se entiende la gente, no?

domingo, octubre 16, 2005

Spain is different

Según la RAE, Diferente: diverso, distinto


Tras algunas entradas un tanto sentimentaloides, en las que no siempre he escrito demasiado sobre el mundo yankie, he creído conveniente volver a la senda correcta y contaros algo más sobre cómo son las cosas aquí en California.


Al fin y al cabo, me he vuelto a cortar el pelo y, esta vez, mi amiga y peluquera francesa preferida (aficionada, pero muy profesional, Anso), ha decidido por mí que lo de la melena y los rizos no eran mi “mejor versión”, con lo cual mi nuca/mente ha vuelto a quedar despejada y, además, ya sabéis lo que dicen: “Corte de pelo nuevo, nueva entrada en el blog”.


Hace unos días me pasó algo curioso. Como tipo despistado que soy, no me di cuenta hasta las 8.50 am, una vez acabó mi sesión de gimnasio, después de la ducha, que no tenía en la mochila otra camiseta que la (ligeramente) sudada sin mangas de la clase de abdominales. Como soy despistado pero no tímido, podría haber optado por ir a clase tal cual, con mis nuevos y depilados sobacos al aire, pero esto no es España y aquí las camisetas sin mangas están condenadas al ostracismo más allá de los recintos deportivos (diferencia #1: nada de camisetas sin mangas para salir por ahí), por mucho que brille el sol en el horizonte. Tras 1 minuto escaso de negociación conmigo mismo, opté por recorrer el campus para ir al bookstore y comprarme una camiseta de la SDSU (diferencia #2: venden merchandising de la universidad, camisetas y demás, en la librería). Salí del probador con mi nueva camiseta puesta y el ticket en la mano, tan contento. Como ya pasaban 20 minutos de la hora, opté por seguir la máxima española del instituto: “para llegar 20 minutos tarde a clase, mejor entrar a 2ª hora” (los turcos de mi clase deben tener otra distinta, siempre entran 20 minutos tarde) e irme a la biblioteca. De camino a mi sitio de costumbre en la Love Library (no me preguntéis porqué se llama así) un par de chicas me dijeron algo que, traducido, debe ser algo así como “me gusta tu camiseta” (diferencia #3: la gente es tan amigable que se dirije a ti por cualquier motivo, sólo para charlar, no necesariamente para pedirte dinero o un pitillo o tirarte los trastos).


Las tías aquí también, más allá de su gusto por las camisetas con vigues/coruñeses dentro, son distintas. Me contaba hace dos semanas Gio (Suíza) un pequeño incidente que tuvo en un club bastante grande y popular llamado On Broadway. De pronto se le acercó una americana y se puso a bailar con él tal y como bailan la mayoría de las americanas, es decir, como si estuvieran ya en la cama contigo (diferencia #4: las americanas bailan de forma absolutamente sexual, como a veces alguna española, pero luego se van por su lado como si nada hubiera pasado). Al rato se acercó un “tiburón y se la llevó” (Bouzadita, esa canción me recuerda Ponteares). La cara de tonto cambió a enfado cuando el tipo le enseñó el pulgar (“OK”). Gio se acercó a él con intenciones nada pacíficas y le invitó cordialmente a solucionarlo en la calle -obviamente, Gio es del cantón italiano de Suíza :)-, pero el tío le explicó que era su novia, le volvió a enseñar el pulgar, le dio la mano y le dijo: “You did a good job, thank you!” (diferencia #5: los novios no es que no sean celosos, es que no son italianos, ni tampoco españoles).


Ya he hablado de que les gustan los coches grandes, del tamaño familiar del supermercado, de los pedruscos en los dedos, etc. en el post “Size matters”. Sin embargo, toda esa obsesión con lo grande desaparece al hablar de la ropa femenina en el gimnasio. Es al revés, parece que le den un premio a la que consiga llevar el pantaloncito corto más diminuto (diferencia #6: esto es igual en España, pero había que contarlo). No caben ni las pocas letras de la universidad (SDSU)... No sé si será así sólo en California o en todo Estados Unidos, pero normalmente me llevo las gafas al gimnasio. Sin ellas, nunca sé si las chicas son de “mi” universidad o de cualquier otra... (diferencia #7: alguien ha visto alguna vez a una mujer en un gimnasio español con un pantaloncito corto de su universidad?)


Hablando de mujeres y aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid (Miguel, estás leyendo esto?), volviendo el sábado de la playa de Coronado con mis amigas, al cruzar el larguísimo puente de Coronado a San Diego, me hicieron notar el número de teléfono que se repetía en varios tramos del mismo. Hace varias semanas, tuvimos que quedarnos a cenar en Coronado después de la playa, porque el puente estaba cortado por unas horas. Después nos enteramos del motivo, alguien cansado de vivir entre americanos había saltado del puente. El teléfono que se repite una y otra vez en el puente, como ya habrán imaginado lo/as más espabilado/as y los que hayan dejado de pensar en las letras “SDSU” (cómo os conozco!), era para que los suicidas en potencia, todavía sobre el puente, llamasen, con la esperanza de poder convencerlos para que no lo hiciesen (diferencia #8: alguien ha visto teléfonos de la esperanza en puentes españoles? En Rande, al menos, no hay).


Volviendo a los coches, más allá de su tamaño medio descomunal y las escaleras de camión de bomberos que usarán algunos para subirse, también llama la atención ver determinados mensajes en las ventanillas, como por ejemplo: “Aquí viaja el orgulloso padre del graduado John Smith”, o algo así. No pongo el nombre verdadero para que el chaval pueda seguir con su vida sin conocer el número de la esperanza del puente de Coronado (diferencia #9: los padres también presumen públicamente de las notas y logros de sus hijos/as, pero esto es pasarse, no?). Pensaréis que les falta poner las notas del hijo/a como matrícula del coche, pero es que en la matrícula del coche ya tienen otras cosas...


La matrícula del coche puede ser “normal”, con letras sobre fondo blanco, o puede tener fondos más originales. Intentaré recordar el llevarme la prueba física a España para que podáis verla, pero por ahora os doy un ejemplos del folleto: “Be a patriot” (fondo con bandera estadounidense): California Memorial Plates support California's Antiterrorist Fund and [...] the 9/11 terrorist attack. Una parte del pago por la matrícula se va a esa fundación. Otros lemas son “Honor Our Veterans!” o “Protect Our Coast & Ocean”. Hay para elegir, no me extiendo porque supongo que habréis cogido el mensaje (diferencia #10: compran matrículas pintadas para apoyar causas de lo más diverso, como quien lleva pulseras de colores).


Aunque el post se está alargando demasiado y 10 diferencias son suficientes por hoy, esta última no me puedo resistir a contarla. Durante uno de mis numerosos y obligatorios paseos por el campus de la SDSU, de la biblioteca a la ALI, no pude evitar fijarme en la cantidad de militares de uniforme mirando al cielo congregados sobre el césped. Tenía prisa, llegaba algo tarde, pero ante tantas caras mirando al cielo, aunque estas fueran de uniforme, hice lo que hubiera hecho cualquier otro: mirar al mismo sitio que ellos estaban mirando, hacia arriba.


Por lo visto asistí de forma involuntaria a un espectáculo del ejército americano en el campus. Los militares obedecieron las órdenes del sargento/teniente/whoever y formaron un círculo, mientras en el cielo se veía la estela de nuestro bien amado héroe Superman (perdón, cómic erróneo)... La estela era de un paracaidista del ejército que acertó a aterrizar en medio de los vestidos de camuflaje entre los aplausos del escaso público y el himno de barras y estrellas sonando de fondo (diferencia #11: el Army tiene una oficina de reclutamiento en el campus, pasea por el campus, viven en el campus... El ejército americano está literalmente dentro de la universidad americana)


Un rato después me sorprendí a mí mismo tarareando el himno yankie, pero no os preocupéis, también me pasaba lo mismo con canciones de Enrique Iglesias y todavía sigo vivo. Lo hago inconscientemente, no quiere decir nada ;)

martes, octubre 04, 2005

El peor día de la semana

Desde luego, no creo que el lunes por la mañana aparezca en la "lista de momentos preferidos" de mucha gente, pero para mí es claramente el peor de la semana.


Me decía hace tiempo un amigo que la visión de qué día es el peor de la semana va evolucionando a medida que nos hacemos mayores. A mayor juventud, mayor odio por los lunes y amor por los viernes, y viceversa. Así, para los jóvenes e inexpertos, el lunes marcaría el principio de la recuperación (y preparación) hacia el siguiente fin de semana, mientras que para los no tan jóvenes y lozanos, con su energía desgastándose con el pasar de los días, claramente el viernes sería el peor día. Obviamentemente, sábado y domingo son buenos para todos, y ni siquiera son considerados dentro del conjunto de "días de la semana".


Esta "teoría", como tantas otras formuladas con (al menos) un par de vasos de vino tras una opípara comida, la cual fuerza a la sangre que normalmente alimentaría nuestro cerebro y brillantes ideas, a caminar hacia el estómago, no pasará a los anales de la historia ni será recordada, posiblemente, más allá de este blog. Sin embargo, no cabe duda de que es motivo de alegría relacionar los horribles lunes por la mañana con algo tan maravilloso como la juventud y lozanía de quien, según mi amigo, los sufre.


En mi caso, como ya he dicho, el lunes es sin lugar a dudas el peor día de la semana. No sé si porque trabajo poco, con lo cual mi energía no se va desgastando con la semana, o porque salgo mucho, y necesito del domingo más parte del lunes para recuperarme (seguramente un poco de todo); pero mi acostumbrada alegría y optimismo matinal desaparece de forma absoluta 99 de cada 100 lunes, como mínimo, hasta 4 ó 5 horas después de dejar, a regañadientes, el calor inigualable de las sábanas tras el fin de semana.


Esto ha sido diferente aquí en San Diego durante las primeras semanas. Mientras me acostumbraba al jet-lag, cualquier hora de cualquier día era buena, tanto por la nueva situación continua de "zapatos nuevos a estrenar" como por la falta de referencias, pero al haberme acostumbrado a los horarios, el violento choque de levantarse a las 11 del domingo con respecto a las 7 del lunes sigue causando el mismo malestar en mi buen humor que el que provocaba en España (allí era 12-14 el domingo frente a 8.30-9 el lunes, pero esto es lo de menos).


Hoy, a pesar de todo, y siendo la mañana de este primer lunes de octubre tan odiosa como de costumbre, el cielo era más azul y los pajarillos cantaban más alto.


Tras una semana de cierta morriña, comedida tristeza y melancolía (gracias a aquellos/as que me han enviado mensajes de ánimo, cariño, etc.) casi obligada por tantas semanas de sonrisas y alegrías, tocaba ya iniciar una nueva época de subida en esta montaña rusa de sensaciones que es la vida. Como siempre me sucede, de forma inexorable y con horrible precisión suiza desde hace muchos meses, tras cuatro o cinco semanas de terrible alegría y optimismo casi infinito llega la "semana del bajón". No es mal trato el tener una sola semana mala cada cinco o seis...


Hoy por la tarde ha llegado por fin la carta que llevaba esperando desde el jueves pasado. No es esta de amor ni manuscrita, sino simplemente el resultado del examen de TOEFL hecho hace un par de semanas. Obviamente, y reclamo la atención especial de mi hermanita para que siga contándole a mamá lo bien que emplea su hijo preferido el tiempo en San Diego, los resultados han sido (muy) buenos, y este pequeño suceso académico ha contribuido a elevar un poco la velocidad del carromato que escala la pendiente de la montaña rusa.


Ha habido muchas otras cosas que han contribuido a mi cara sonriente y un tanto estúpida de última hora de la tarde del peor día de la semana. Por ejemplo, el poder haber hablado o intercambiado emails con alguno de mis amigos vigueses (bouzadita, trish, ¿pablito-dj dónde andas?, etc.), tras varias semanas de desconexión total; o un buen fin de semana de playa y clubes nocturnos, cuando por fin, parece, hemos encontrado "el club" definitivo, donde todos los diversos y exigentes gustos musicales de mis amigas alemanas en Newport Place parecen estar bien cubiertos...


En resumen, como bien es sabido, después de la tormenta siempre llega la calma. Aunque en mi caso, debo decir, lo bueno no es la calma sino la nunca suficientemente bien valorada tormenta.